Aprendí muchísimo y fue una gran experiencia para mí cuando, hace ahora dos años, una consultora de belleza de Mary Kay me invitó a una clase del cuidado de la piel. Hoy día esa consultora es mi empresaria Mary kay y es una persona con la que, además de una relación de asesora-clienta, tengo una gran relación de amistad. Esas son las cosas tan mágicas que ocurren en torno a Mary kay y que hacen que hoy sea una de las firmas de alta cosmética más conocidas en el mundo y la 1ª compañía de venta directa en España.
Para mi, a partir de entonces y tras conocer como trabajan, cada día se ha hecho más indispensable el ser asesorada personalmente y poder probar todo lo que pongo en mi piel antes de comprarlo. Creo que a todas nos ha ocurrido alguna vez hacer el esfuerzo de adquirir una crema o cualquier otro producto de alta cosmética y cuando lo usamos darnos cuenta de que a nuestra piel no le viene nada bien. Dinero invertido tirado a la basura y poca confianza en firmas que no nos han venido bien, no porque no sean buenas, si no porque quizás no era lo que nuestra piel estaba necesitando en ese momento o no eran aptos para nuestro tipo de piel.

No he visto profesión más bonita que la de la consultora de belleza, las de verdad,aquellas profesionales formadas para hacerte sentir mejor, para interesarse por tus necesidades, que no son las mismas que la de la mujer de enfrente. Porque quizás tu por tu trabajo, no duermes más de cinco horas, o tienes pequeños que no te permiten un suspiro tras las largas jornadas de trabajo, o nunca jamás has probado un tratamiento y debes comenzar desde cero y despacito como ellas saben. Aquellas que jamás centrarán su labor en la venta del producto si no en el objetivo final: hacerte sentir bien, bella en tu físico y personalidad y sana en tu interior.
Esa era la filosofía de una de las mujeres de negocios más importante de Estados Unidos, una mujer que llego a crear un imperio a través de lo que debería ser tan lógico pero que, a la vez, es tan poco común: crear una empresa cuyo objeto social fuera algo que las mujeres aman, la belleza, interior y exterior, y cuyo modelo de compañía permitiera a sus trabajadoras conciliar su vida familiar con la profesional siguiendo una regla de oro «trata a los demás como te gustaría ser tratada». Qué cosa tan rara, ¿verdad?, y tan poco creíble hoy día en los tiempos que corren. Pues eso hizo Mary kay Ash, crear de la nada una compañía hoy presente en 35 países y con un saldo de consultores de 4 millones repartidas y repartidos por el planeta, casi nada.
Consultores y consultoras que hacen crecer su negocio cada día con productos que pasan cada año por más de 500.000 test realizados para asegurar que cada ingrediente individual y compuesto final cumpla los más altos estándares de calidad, seguridad y eficacia, por supuesto sin usar animales para la investigación; con más de 1200 que Mary kay posee en productos, tecnologías y diseños de envases; y que tiene un gran compromiso con la sociedad y así lo demuestra con sus más de un millón de árboles plantados en todo el mundo como parte de su campaña de sostenibilidad «Rosa en verde» o los más de 150.000 euros donados cada año para los proyectos relacionados con la mujer: investigación contra los cánceres más agresivos que padecen las mujeres, ayuda a las mujeres y niños necesitados a través de su programa solidario de belleza Comprometida Beauty That Counts.
Como podéis leer, no son insignificantes las razones, y muchas que seguramente me dejaré atrás, por las que mi cariñoso compromiso con Mary Kay va más allá del de ser la firma de alta cosmética que utilizo.
¿Cómo cuido mi piel con Mary Kay?

Como todas y todos, a veces pienso que mis días debían tener más horas para que me diera más tiempo a hacer todo aquello que debo hacer, pero sería peor porque entonces haría el doble de cosas, en el fondo están bien como están. Aún así, y teniendo poco tiempo nunca dejo de dedicarme unos minutos cada día por la mañana y por la noche para cuidar mi piel. Por mi profesión además en la que la imagen es tan importante, aunque no te apetezca, no puedes dar tregua al cuidado de tu piel.
En mi caso, al tener niños pequeñitos, no puedo realizar mis rutinas nada más llegar a casa. Por el contrario, es cuando ya he hecho todo. Primero lo que yo llamo: la labor maestra, estar con ellos un ratito, ayudarlos con las tareas, leer, preguntarles por el cole; luego entro en modo barredora industrial, me pongo a recoger todo aquello que voy encontrando a mi paso, juguetes, ropas, zapatillas; mientras tanto como la fama nos precede y se supone que podemos hacer más de una cosa a la vez, sueño con la cama, planifico el día siguiente, pienso en lo que voy a hacer de cenar, sueño con la cama, me peleo con alguno que otro, sueño con la cama, hacemos el baño, pongo pijamitas, preparo la cena y sueño con la cama…
Cuando ya están cenando y viendo los dibujos, que ya tienen edad de hacerlo solos, es cuando me dedico mi ratito y realizo mi rutina del cuidado de la piel con el set Milagroso TimeWise3D.
Con tres sencillos pasos, humedecer la piel con los dedos, aplicar la limpiadora en pómulos, nariz, frente y barbilla, hago un leve masaje por toda la piel y lo retiro con agua. Intento que nunca sea caliente, ya que puede generar cuperosis al romper las venitas por los cambios de temperatura. Tras esto aplico un tónico, que no es necesario pero que a mi me encanta por la sensación de frescor que deja y echo la crema de noche en este caso, que ya lleva incorporado los principios activos de los Serum Milagroso de Mary Kay. Y siempre SIEMPRE, mi contorno de ojos.
Estos pasos los repito mañana y noche cada día. A mi me funcionan y espero que a vosotras os sirvan de ayuda.
Espero que os haya gustado la entrada y podáis dejarme vuestros comentarios y dudas. Muchísimas gracias, siempre por leerme, que seáis muy felices .








