De la generosidad del artista

EL ARTISTA NO ES EL ARTE, ES EL VEHÍCULO

Sobre el talento, la generosidad y la responsabilidad de compartir y participar del camino

Cada persona sueña con crear su propia historia, aquella en la que se sienta el protagonista indiscutible. Pero qué fácil sería todo si entendiéramos que podemos ser a veces el actor principal y otras ser tan necesarios y claves como los secundarios que ayudan a que otros, no nosotros, sean los protagonistas de su propia historia.

Pero la vida es sabia y pronto nos pone a cada uno en nuestro lugar.

Hay algo que llevo mucho tiempo meditando como consecuencia de lo que observo últimamente en el mundo del arte y que cada vez me hace reflexionar más: la facilidad con la que podemos llegar a confundir el talento con la persona que lo posee. El todo con la parte que ayuda a que se conforme el todo.

Quizá porque crear algo hermoso produce una sensación profundamente íntima, ocurre que, a veces, confundimos qué o quién adquiere la importancia, la obra o el artista. Una obra nace de nuestras manos, de nuestras experiencias, de nuestras emociones y de nuestra manera particular de mirar el mundo. Y es comprensible que terminemos sintiendo que aquello que hacemos nos pertenece completamente.

Quizá deberíamos contemplarlo justo, al contrario. Así como el maestro no es el conocimiento si no el potente vehículo a través del cual podemos divulgar, expandir y hacer llegar el conocimiento, el artista no puede creerse en el derecho de adquirir la consideración del “mayor del Arte”.

Tal vez nosotros, los artistas, no seamos el arte. Tal vez seamos “sencillamente” su vehículo.

Así como el cable y el enchufe no son la electricidad si no aquello que la hace correr y llegar hasta el objeto que genera la luz, con el artista sucede algo parecido.

Venimos a este mundo dotados de una capacidad especial e infinita de movimiento creativo. Nos servimos de nuestra forma original de mirar el mundo y todo aquello que se cruza en nuestro camino, una intensidad que nos hace disfrutar en exceso de las alegrías y apenarnos en demasía por las tristezas, nuestras y de otros. Las trabajamos durante años y, por supuesto, estudiamos, practicamos, nos equivocamos ¡miles de veces! y dedicamos incontables horas a aprender un oficio. Nada de eso debe minimizarse.

Pero cada vez estoy más convencida de que aquello que nos ha sido dado solo alcanza todo su sentido cuando somos capaces de ponerlo al servicio de los demás.

El Talento adquiere su verdadera dimensión cuando adquiere la consideración de un bien común y pasa a ser patrimonio al servicio de los demás.

El talento no empieza y termina en nosotros. Nos ha sido concedido para poder trasladarlo, dar ejemplo de ello, compartirlo y hacer que siga creciendo en beneficio de todo al que le llegue y de su entorno. ¿Qué hubiera sido si Bernini, Da Vinci o Miguel Ángel hubieran guardado su talento exclusivamente para sí? Y no nos quedemos solo en el Arte, extrapolémonos a la ciencia, por ejemplo, ¿qué habría sido de la humanidad sin aquellos que dedicaron y dedican su vida a investigar, descubrir y comprender el mundo y la vida hubieran hecho lo mismo?

Probablemente, muchos de los avances que hoy consideramos indispensables para la vida jamás habrían llegado hasta nosotros. Marie Curie, Alexander Fleming, Santiago Ramón y Cajal, o si Jonás Salk hubiera antepuesto su beneficio personal a la posibilidad de proteger a millones de niños contra la poliomielitis.

Y esto no ocurre únicamente con los artistas o los científicos. Cada ser humano llega a este mundo dotado de unas capacidades diferentes. Hay personas extraordinariamente capaces de cuidar; otras, en cambio, de enseñar; algunas, tiene la facilidad de escuchar, o el juicio para discernir lo que es correcto de lo que no lo es. Construir, organizar, comunicar, promover, entender, alimentar, crear, sanar… Para todas estas necesitamos que alguien aporte lo mejor de si mismo al servicio de los demás.

Es aquí donde reside una de las mayores responsabilidades del ser humano cuando alcanzamos la etapa de madurez: descubrir aquello para lo que somos capaces de aportar al mundo y comprender que nuestros “dones” alcanzan su verdadero sentido cuando los ponemos al servicio de los demás.

No hace falta ser Miguel Ángel, ni Marie Curie o Rafael Sancio para que nuestras capacidades tengan un valor extraordinario. A veces, el talento más transformador es el de la maestra que consigue despertar la curiosidad de un niño, el de aquella persona que sabe escuchar cuando alguien se encuentra bloqueado, el del cocinero que vela por la alimentación y la salud de los más pequeños o el de aquellos que saben acondicionar los espacios para que los demás llevemos a cabo nuestra tarea cómodamente.

Y quizá ahí se encuentre una de los aspectos más hermosos de nuestra condición humana: nos necesitamos unos a otros.

Por ello EDUCAR no debería consistir únicamente en transmitir conocimientos preparados de algunas materias, si no en descubrir qué es lo que ese niño o niña es capaz de hacer bien, de forma natural y motivado y lo más importante ¿qué puedes hacer con aquello que sabes hacer y cómo puedes contribuir con ello a la vida de los demás? Esta una de las claves más importantes del desarrollo emocional saludable de una persona.

Lo que uno sabe puede completar lo que otro todavía desconoce. Por eso me cuesta entender el conocimiento cuando se convierte únicamente en una forma de poder. Y todavía me cuesta más comprenderlo en el arte.

Durante años he encontrado artistas extraordinariamente generosos, capaces de enseñarte una técnica, explicarte un error, mostrarte cómo preparan un material o contarte aquello que a ellos les llevó años descubrir. Pero también he encontrado lo contrario. Personas que esconden procedimientos, que protegen celosamente determinados conocimientos o que sienten que enseñar a otro aquello que saben puede hacerles perder algo.

Y creo que sucede exactamente al revés. Cuando compartes conocimiento no pierdes conocimiento. Lo multiplicas. Tanto la obra como el conocimiento puede y debe sobrevivirnos. La historia del arte es, en realidad, una enorme conversación entre generaciones. Ningún artista empieza completamente desde cero, aprendemos observando aquello que otros hicieron antes, estudiamos pigmentos que alguien descubrió, procedimientos que alguien perfeccionó, composiciones que alguien se atrevió a proponer y maneras de representar el mundo que otros artistas fueron visualizando durante siglos.

Recibimos continuamente y, después, añadimos nuestra pequeña parte. Esta idea encuentra incluso un paralelismo muy hermoso en la manera en que actualmente se entiende la transmisión cultural. La UNESCO explica que los conocimientos y las prácticas culturales permanecen vivos precisamente porque pasan de una persona a otra y de una generación a la siguiente. Y lo interesante es que, durante esa transmisión, no permanecen inmóviles: cada generación los interpreta, los transforma y vuelve a entregarlos.

Quizá ese sea el verdadero significado de un legado, no conseguir que alguien haga exactamente lo que tú hacías, sino que pueda continuar desde el lugar al que tú llegaste.

El escritor Lewis Hyde desarrolló una idea que me resulta especialmente sugerente en “The Gift: Creativity and the Artist in the Modern World”. Hyde propone pensar la creación artística dentro de dos mundos que conviven: el mercado y el don.

Una obra puede venderse. El artista necesita vivir de su trabajo y tiene todo el derecho a hacerlo. Defender que el arte debe compartirse no significa defender que el artista deba trabajar gratuitamente. Son cuestiones completamente distintas. El valor económico reconoce el trabajo. Pero existe otro valor que ningún precio puede medir: aquello que una obra provoca cuando entra en contacto con otra persona.

Una emoción, una pregunta, una manera distinta de mirar, en ese momento sucede algo maravilloso: aquello que comenzó dentro del artista ya no le pertenece completamente. Ha empezado a vivir en otro.

¿Y qué pasará cuándo nosotros no estemos?

Quizá esta sea la pregunta que más me interesa responder a modo de conclusión. Llegará el día en que ya no estemos aquí. Para entonces, el artista que hoy protege celosamente sus procedimientos desaparecerá. Naturalmente quedarán sus obras. Nada más.

Pero…Podemos dejar algo más grande. Podemos dejar conocimiento, procesos documentados, conversaciones, talleres, libros, apuntes, fotografías, errores explicados y descubrimientos compartidos. Podemos dejar nuestra manera de haber entendido el Arte y lo que significó para nosotros y todos aquellos que nos rodean. Nuestro legado artístico no consiste únicamente en conseguir que nuestras obras sobrevivan, las obras vuelan solas, adquieren su camino, crecen, se hacen importantes para otros y se marchan. Consiste en conseguir que algo de aquello que aprendimos pueda seguir creciendo en otras personas. Y esto cambia radicalmente nuestra manera de entender la enseñanza artística.

Cuando enseño a un niño a mirar un color, cuando explico a un alumno una técnica que a mí me llevó años comprender o cuando comparto un procedimiento con otro artista, no estoy creando competidores, estoy participando en una cadena que empezó muchísimo antes de que yo naciera y que, con suerte, continuará muchísimo después de que yo haya desaparecido.

Somos un eslabón, no el final de la cadena

Tal vez uno de los grandes peligros del artista sea terminar creyéndose demasiado importante. Pensar que mi técnica, mi descubrimiento, mi obra, mi manera de hacer las cosas es lo que prevalece. Por supuesto que existe una autoría y debe respetarse, pero detrás de cada artista existen cientos de personas que hicieron posible su conocimiento: maestros, artistas anteriores, libros, museos, artesanos, personas cuyos nombres quizá ni siquiera conocemos, todos recibimos algo.

Por eso quizá la pregunta que debemos hacernos como artistas no sea ¿Qué voy a crear? Si no ¿para qué y por qué voy a crear?

Quiero que aquello que aprenda pase a mis alumnos. Que ellos lo transformen. Que algún día alguno enseñe a otro algo que aprendió conmigo y quizá ni siquiera recuerde de dónde procedía. Que una idea genere otra. Que una obra inspire una segunda obra que yo nunca llegaré a ver. Porque probablemente ahí comienza el verdadero legado. No en conseguir que nuestro nombre permanezca para siempre, sino que algo bueno que pasó por nosotros continúe caminando cuando nosotros ya no estemos.

Sostener el barro, sostener la vida. Desde mis manos hacia a ti

Cuando un niño se sienta frente al barro o ante un lienzo en blanco por primera vez, algo se detiene. Es un momento en el que aparece el silencio, la duda, la ansiedad… pero también el propósito, la ilusión, la posibilidad, el futuro abierto, la necesidad de decisión. Su cerebro y su cuerpo se disponen y se alían para trabajar juntos, los pensamientos ligeros, el desorden y la actividad frenética se sosiega y comienzan a apagarse por un momento para dar oportunidad a la escucha, la observación, a la contemplación, no hacia fuera, si no hacia dentro, porque sumirse en el Arte no es crear por crear sin un sentido o dirección, es entrar en una comunicación con un significado maravilloso.

En ese proceso, como señalan cuantiosas investigaciones en neuroeducación, se activan áreas del cerebro vinculadas con la atención plena, la regulación emocional y la integración sensorial. No solo estamos creando como les escribía, estamos reorganizando con un sentido, estamos dotando a nuestra mente y nuestro cuerpo de una coordinación enormemente beneficiosa para nuestro desarrollo como seres humanos.

El aprendizaje invisible

Pocas cosas me hacen sentir más orgullosa que las que pueden ver en las imágenes que ilustran mi artículo hoy. Los niños y yo lo llamamos «el momento en el que surge la magia» y ellos sonríen como si, por un momento, pudieran creerse a sí mismos capaces de crear algo extraordinario, no entiende aún que a ese momento revelador, inspirador y transformador es al que nos referimos con «la magia» no al resultado posterior.

Cuando intentamos levantar una forma, en ocasiones el barro se vence, hay que volver a intentarlo y ¡no pasa nada! Seguramente habrá que intentarlo de nuevo. No hay prisa, y si la hay la vamos dosificando porque nuestro cerebro entiende entonces que no nos vale, no nos es útil y hay que descartarla. Con el barro no hay un resultado inmediato y el niño, la persona, va a prendiendo poco a poco.

Aprende a esperar. Aprende que no siempre las cosas se consiguen la primera vez que se intentan. Aprende que el error no es el final, es parte del proceso y que gracias a ese camino podemos conseguir cosas a las que nunca pensamos que llegaríamos y, poco a poco, de nuevo, lo va entendiendo.

Desde la pedagogía, sabemos que este tipo de aprendizaje experiencial es el que genera esas maravillosas conexiones neuronales tan necesarias y duraderas para el desarrollo de su madurez. La repetición, el ensayo-error, la implicación voluntaria del cuerpo y el esfuerzo fortalecen las redes neuronales de forma significativa y mucho más profunda que la mera memorización. Este tipo de aprendizaje no se observa a simple vista, no lo podemos medir, tampoco deberíamos calificarlo, pero eso no le resta un atisbo de importancia, es más, tengan seguro que es el que más permanece. Se queda en las manos, se queda en la mente y de alguna u otra forma se queda en nuestra esencia en el mundo que vamos a construir.

De ahí, mi lucha por hacer entender que las enseñanzas artísticas son, y les pido disculpas por la vehemencia con la que lo defiendo, las que más deberían estar estimulándose actualmente. Creo que no somos conscientes como sociedad de la importancia que hoy día tiene que volvamos a darles la oportunidad a nuestros hijos y a nosotros mismos de crecer y desarrollarnos desde los valores de la paciencia, la humildad, la tolerancia a la frustración, la seguridad en nuestras posibilidades, la autoestima, el autocontrol de nuestros impulsos y toma de decisiones y sus consecuencias, el valor del trabajo del otro, la cooperación, la serenidad, la concentración y abstracción y podría seguir y seguir y seguir…

El barro como espejo

El proceso creativo no engaña, muestra desde el principio que si aprietas demasiado se rompe; si no sostienes suficiente, se cae; si intentas apresurar se resiste y se parte. Pero…si acompañas, si ajustas la presión, si encuentras el ritmo, responde regalando bienestar y satisfacción, estabilidad y durabilidad, tranquilidad y felicidad.

Por eso trabajar el barro nos permite aprender a observarnos y extrapolarlo a nuestra vida en general. Hay días que todo fluye y otros, en los que nada parece salir bien. y esa es una situación con la que nuestros pequeños se van a encontrar constantemente en su vida y que tienen que entender y aprender a gestionar para ser hoy niños felices y en un futuro adultos emocionalmente sanos.

Al hilo de este concepto entramos en lo que la psicología entiende como autoregulación: la capacidad de ajustar nuestras atención, emoción y acción. El trabajo manual, sobre todo con la pintura y el barro, facilita este aprendizaje.

Educar a través del Arte

En el aula de pintura o en el taller de cerámica, nosotros, los maestros, podemos ver lo anterior de forma muy clara. Los niños llegan con prisas, alterados y comienzan a bajar el ritmo. La confianza ante el trabajo comienza a aparecer. La frustración se torna en entendimiento y descubrimiento de nuevas posibilidades. Esto no ocurre porque alguien se lo explica si no porque lo ven y lo sienten: lo experimentan, lo viven.

El Arte, en este sentido, no es solo una herramienta para desarrollar habilidades, es el espacio que reúne las condiciones y recursos necesarios para la integración hemisférica: la conexión entre procesos más analíticos y aquellos más intuitivos, tan olvidados y tan necesarios para sobrevivir y tener un desarrollo equilibrado. Esto es lo más valioso mucho más allá de imaginar que nuestro hijo o hija pueden llegar a ser grandes artistas.

Un lugar para aprender a estar

Por eso, afirmo tajante, de nuevo desde la fundamentación no solo desde la pasión y el amor que profeso a mi vocación de maestra y artista, que el Arte no debería ocupar un lugar secundario en la educación. Para mí, un centro educativo que, a pesar de los contenidos dispuestos en el curriculum y el escaso tiempo, dedica una parte de este y sus recursos docentes a enseñar capacidades artísticas me merece mucho respeto.

Porque, insisto, no se trata solo de aprender a dibujar, a modelar o a pintar con la técnica correcta. El artista va más allá, se trata de aprender a mirar mucho más hacia adelante.

Se trata de aprende a estar y a «Ser»

Y eso en este mundo de hoy es casi un acto de resistencia, aquella que nos ayudará a crecer, a ser capaces de construir la vida que deseamos.

«Porque el Arte nos recuerda que nuestra historia se forja desde la experiencia y esta se convierte en el legado que somos capaces de transmitir.»

Marián Saco De Larriva

Maestra y Artista plástica

Amante del Arte, de la Educación y de la Vida

La Educación artística como promotora de valores y resistencia cultural: salud cognitiva y emocional, lenguaje y comunidad.

Vivimos en la cultura de la inmediatez. Todo sucede muy rápido: la información, las imágenes, los problemas, las soluciones. ¡Vivimos demasiado rápido! Quizás no hayamos reparado en ello, pero en la infancia hace eco involuntario este entorno de estímulo constante y poco espacio para la pausa: sobreestimulación, productividad constante, pantallas, actualizaciones… cuando aún nuestro cerebro no ha descodificado del todo, ha reconocido y ha anclado patrones, «actualizamos». Qué sin sentido pedagógico.

En este contexto, enseñar Arte a un niño- de verdad- es un acto de resistencia que aboga por devolver a la infancia el tiempo necesario para sentir, crear y pertenecer.

La lentitud como proceso pedagógico

«La lentitud no es hacer menos, es hacer mejor«

La pintura, la cerámica, la escultura… obligan a esperar, entender y escuchar el proceso, aceptar el error, reflexionar, conocer, expresar. Conceden a los más pequeños el espacio que su pequeño cerebro necesita para conectar y llevar a cabo el verdadero proceso de aprendizaje que no es otro que entender, interiorizar y asentar, algo que necesita tiempo y que la sociedad de hoy les está robando. La productividad y la optimización del tiempo se han convertido en valores centrales, no solo en el ámbito económico, también en el educativo. Por ello, la infancia no ha quedado al margen de esta «lógica»: agendas saturadas, evaluaciones constantes, medición del rendimiento… y lo peor viene cuando algún niño se suelta de la espiral continua de movimiento o demanda ir por otro camino, entonces los juicios, como no podrían ser de otra forma son… ya lo habrán imaginado, rápidos: «su hijo padece posiblemente un trastorno por déficit de atención con probable hiperactividad, además no sencilla, si no combinada…» y así podríamos seguir.

Hago aquí una parada para añadir un apunte importante. Como maestra, no resto un ápice de importancia al diagnóstico «correcto» del TDAH o de la hiperactividad, cuyo conocimiento ha hecho posible que niños a los que antes se les «tachaba» de fracaso escolar, ahora con el entrenamiento, las pautas y, si lo precisan, la medicación adecuada, son alumnos que adquieren una madurez cognitiva optima y un desarrollo evolutivo potencialmente positivo emocional, conductual y académico y que tienen una vida saludable personal y profesional.

Volviendo a la «lentitud», el movimiento «slow», popularizado por Carl Honoré en «El elogio de la lentitud» (os lo recomiendo muchísimo), propone una recuperación del ritmo adecuado. Honoré sostiene que la lentitud no implica ineficiencia si no profundidad y sentido para hacer sobre cimientos sólidos. Aspectos que en algunos ámbitos de nuestra vida son indispensables por las consecuencias graves de sacrificarlos, por ejemplo, no querríamos ser operados por un cirujano impaciente, o vivir en una casa cuyo arquitecto no se ha tomado el tiempo necesario para calcular correctamente una estructura, una revisión incorrecta en un avión o de una vía de tren o una mamá cuyo bebé nazca en seis meses en lugar de nueve. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?

Entonces ¿Dónde y cómo se educa la paciencia?

La paciencia se construye fortaleciendo la conexión entre varias áreas del cerebro (la corteza prefrontal, el sistema límbico que regula las emociones y nuestros circuitos de recompensas promovidos por las hormonas como, por ejemplo, la dopamina) cuyo entrenamiento durante la infancia y hasta más o menos los 20-25 años es fundamental para regular la capacidad de planificar, controlar impulsos, sostener un proceso, tolerar la frustración mientras se posterga la gratificación y entender que los resultados inmediatos no son seguros en casi nada en la vida.

Trasladado al ámbito artístico, el desarrollo de las capacidades artísticas favorece la maduración de los circuitos cerebrales implicados en la auto regulación. Al sostener procesos lentos y tolerar la frustración creativa, el niño fortalece la conexión entre emoción y pensamiento, base neurobiológica de la paciencia.

Antes de pintar hay que imaginar, pensar en la composición, bocetar, encajar, realizar una paleta de colores; el barro necesita secar; el esmalte, reposar; el tercer fuego, dos cocciones anteriores. El Arte, como la vida, impone un ritmo que no puede violentarse «sin fractura».

Así, el proceso artístico introduce una pedagogía del tiempo que enseña a esperar, a observar, a focalizar la atención, a sostener la incertidumbre y esto los prepara para soportar la propia cuando sea necesario a lo largo de la vida.

Frente a la dispersión digital, el acto de crear, ya sea en la pintura, la escultura, la música, la escritura exige abstracción y concentración sostenida, escucha mental y corporal y conciencia en nuestros actos.

El Arte no es tan sólo un lenguaje si no una forma de pensamiento

Una vez que conseguimos que el proceso de aprendizaje haya cogido en ritmo y la forma adecuados comienza un proceso que resulta infinito y exponencial y que abarca todas las áreas del desarrollo humano.

La educación artística no solo promueve el desarrollo de habilidades técnicas; es, sobre todo, una escuela de valores: de respeto por la diversidad, escucha activa, empatía, tolerancia a la frustración, trabajo de la autoestima y seguridad en sí mismos, capacidad de crítica constructiva, abstracción, relativización… que emergen de manera natural en el niño cuando se trabaja desde el Arte.

Como señalaba Loris Malaguzzi, padre del modelo educativo Reggio Emilia, el niño tiene cien lenguajes con los que se expresa, pero, desgraciadamente, algunos modelos educativos se encargan de dinamitar 99 de ellos. La expresión plástica (el dibujo, el modelado, el movimiento, el color), verbal, escrita, corporal, simbólica…nos recuerdan que el ser humano no se expresa tan sólo con la palabra. La educación artística valida estas cien formas de expresión, especialmente en la infancia pero también en la adolescencia y la edad adulta. Al hacerlo, reconoce y legitima que cada persona piensa, siente y comunica de manera distinta.

Trabajar desde esta pluralidad de lenguajes es un acto profundamente inclusivo. Ayuda a crecer a aquellos que encajan pero también a los que no lo hacen en el modelo educativo tradicional y propone un lugar desde el que expresarse, fortaleciendo su autoestima y su vínculo con el aprendizaje. De esto tengo muchas experiencias positivas con las que avalo esta idea en el terreno personal y profesional.

El Arte como proceso relacional

Más allá del individuo, la educación artística tiene un enorme potencial para construir comunidad. Además de favorecer el desarrollo cognitivo de forma correcta y promover la educación en valores, el Arte defiende que el aprendizaje no tiene criterio si el conocimiento no se construye desde el diálogo con otros. El taller, el aula o el espacio creativo funcionan como un microcosmos social donde se aprende a convivir, a compartir, a cuidar y respetar y a celebrar la diversidad.

Crear juntos genera vínculos que se convertirán en el germen del futuro trabajo en equipo. Todo deja de ser propio para entender que si nuestro relato no es compartido no cobra sentido. Los artistas necesitamos comunicar y compartir aquello que creamos, debe tener un fin, una motivación, un significado. El Arte promueve conciencias propias y ajenas, actúa como un lenguaje común que crea historia compartida, une generaciones, culturas y sensibilidades diversas.

Por ello, defiendo la idea de que en un mundo, cada vez más fragmentado, la educación artística se revela como una forma de resistencia cultural: preserva nuestra memoria, transmite saberes y valores y nos abre a experiencias colectivas, nos recuerda de dónde venimos y a dónde estamos llamados a llegar.

Marián Saco De Larriva

Maestra en Educación Primaria y Lengua Extranjera

Artista plástica

Fundadora del proyecto «Mi Primera Obra de Arte»

@saccoestudiodearte

Niños que modelan, niños que piensan: lo que la cerámica hace sin palabras en el cerebro de un niño

Esta semana hemos estado trabajando a Pablo Picasso en la escuela, no solo como un gran artista si no como alguien valiente, decidido, que se atrevió a mirar el mundo y la vida desde muchos ángulos al mismo tiempo. Alguien que rompía la forma porque la entendía.

Tras una formación académica impecable, decidió desaprender, estar abierto a cambiar: fragmentó los rostros, dibujó ojos que miran de perfil y de frente al mismo tiempo, narices desplazadas y bocas que no obedecen a la simetría. Multiplicó los puntos de vista y abrió la puerta al mundo al cubismo porque quería ir más allá de lo que vemos «simplemente», quería retar a la mente.

Picasso dijo:

» Todos los niños nacen artistas, el problema es seguir siendo artistas cuando crecemos»

Cuando observamos su obra vemos algo profundamente infantil en el mejor sentido de la palabra: vemos libertad, seguridad, atrevimiento, ruptura, juego, pensamiento. Descomponía los rostros para comprenderlos desde todos los ángulos, hacía lo que un niño hace mientras modela una pieza: la gira, la aplasta, vuelve a levantarla, la presiona, prueba, cambia, corrige. Y en este momento no existe la distracción ni el error, existe la investigación y la decisión propia.

Y, mientras explicaba como Picasso rompía la forma para entenderla mejor, los niños amasaban el barro con una concentración absoluta cuando diez minutos antes no podían estarse quietos. Entonces… concluí como otras tantas veces:

El problema no es que los niños se distraigan es que le hemos robado la posibilidad de crear. Hemos privado a su cerebro de la necesidad de crecer, de hacerse fuerte y de ser libre.

El barro como pensamiento visible

Cuando un niño modela, ocurren cosas que no siempre podemos ver:

  1. Piensa y organiza en tres dimensiones: gira la pieza, la observa desde distintos ángulos, anticipa el resultado. Esto activa el lóbulo parietal, implicado en la percepción espacial y la orientación.
  2. Toma decisiones libres constantemente. Cada pequeña elección estimula la corteza prefrontal, el área relacionada con la planificación, el autocontrol y la toma de decisiones.
  3. Aprende proporción sin saberlo, la está buscando, coordina lo que ve de forma real con lo que hace. Ojo y mano trabajan juntos. Aquí intervienen el cerebro y la corteza motora, afinando precisión, equilibrio y control corporal.
  4. Se equivoca y corrige sin presión ni dramatismo. Regula su frustración cuando algo no sale como esperaba. Entra en juego el sistema límbico, especialmente la amígdala, y aprende, mediante la práctica, a gestionar la emoción en lugar de bloquearse.
  5. Regula su energía a través del tacto. Se activa el sistema sensorial, especialmente la corteza somatosensorial, encargada de procesar la información táctil. La textura, la temperatura, la resistencia al material envían señales constantes al cerebro que ayudan a regular su respuesta corporal lo que influye también en el sistema nervioso autónomo, favoreciendo estados de mayor concentración y calma. Por eso muchos niños que llegan al estudio inquietos comienzan en seguida a regular su movimiento: su mente y su cuerpo entran en una vía de descarga y organización, estabilizan su respiración y su gesto se vuelve más preciso y relajado.
  6. Integra emoción y acción: el acto creativo conecta hemisferios, favoreciendo la comunicación a través del cuerpo calloso y fortaleciendo la integración entre nuestro pensamiento lógico y nuestra intuición, esta última tan olvidada y tan necesaria para sobrevivir y vivir.

Un niño que modela no está tan sólo «entretenido» está organizando el mundo con sus manos. En la cerámica no hay un botón de deshacer, hay asimilación y transformación, y esto les enseña algo esencial para la vida: el error existe pero no se borra, se transforma y se integra en nuestra realidad a través de aprendizaje.

Pantallas que estimulan, manos que construyen

No hace falta recordar que vivimos en una época de estímulos artificiales constantes. En la pantalla, la imagen ya está dada, construida con una intencionalidad, el ritmo de atención ya está marcado y la historia que nos quieren comunicar ya está creada. No hay un proceso en el que el niño pueda ir conociendo, imaginando, reflexionando sobre lo que sucede, y decidiendo cómo posicionarse construyendo un criterio propio, como sucede con la lectura.

Cuando trabajamos con el Arte, tenemos una experiencia creativa y eso es totalmente lo contrario a lo que sucede y os he contado en el párrafo anterior. No existe una historia hasta que el niño la crea por si mismo, tampoco una forma hasta que él la construye, no hay un resultado hasta que se ha cumplido el ciclo con paciencia. La satisfacción tras la producción, tanto para el niño, a nivel consciente como inconsciente en su desarrollo cognitivo, es impresionante. Por eso un niño no necesita que «lo callemos y lo mantengamos quieto» necesita que le demos recursos, «materia» para crear de forma real.

Crear es pensar

Cada semana, trabajando con los niños, y esta en especial, trabajando a Picasso, veo algo muy claro:

Los niños que crean, piensan mejor

No porque memoricen más, ni porque estén más quietos, no confundamos, si no porque están implicados. La creación les obliga a decidir y decidir es pensar por uno mismo. Cuando les damos un trozo de barro, un pincel…les damos tiempo, espacio mental, libertad y como conclusión les concedemos el gran regalo de crear su identidad.

Quizás la pregunta no sea por qué se distraen, o por qué no se concentran. Quizás la pregunta sea: ¿Cuánto espacio y tiempo real les estamos dando para crear? Porque un niño que crea no está perdiendo el tiempo, está construyéndose a sí mismo y su realidad.

Os propongo algo: crear no es un extra. Es una necesidad.

Crear un espacio creativo en casa

Como docente y directora de Mi primera Obra de Arte, cada vez tengo más claro, y lo defenderé siempre, que la creatividad no es una actividad complementaria. No es un premio que se da después de «lo importante». No es ni debe ser un relleno en el horario.

La creatividad de la mano de las artes plásticas es una forma de pensamiento que ayuda y potencia el desarrollo evolutivo de nuestros hijos y que trae innumerables beneficios a nivel emocional y cognitivo en cualquier etapa de la vida.

Cuando hacemos que un niño crezca a través de la creatividad, estamos posibilitando su capacidad de decidir, de imaginar soluciones, de tolerar el error, de educar su paciencia al sostener un proceso y sus resultados.

ESO ES EDUCACIÓN

En la Mi Primera Obra de Arte no buscamos que estén quietos, buscamos que estén presentes, no buscamos piezas ni obras perfectas, buscamos procesos conscientes. No buscamos artistas prodigio, si no niños que aprendan a pensar por si mismos y construyan criterio, personalidad propia, sin miedos, sin perjuicios ni juicios.

Y como tener a todos los niños a mi cargo y el de mi equipo sería muy difícil, os propongo algo: crear un pequeño espacio creativo en casa. Todos tenemos una esquinita en casa que está ahí, por la que a menudo pasamos pero que si no estuviera tampoco lo notaríamos pues no nos sirve para nada más que para pasar por ella.

Si algo me inspira como docente es observar como otros sistemas educativos priorizan la necesidad de aprender frente a la rigidez en los horarios, contenidos académicos, orden, etc… Finlandia es un ejemplo clarísimo. Allí, desde los primeros años, los niños tienen espacios pensados para explorar, tocar, experimentar y crear. En cierta ocasión, una amiga me contó como, cuando nace un niño, se retira del salón todo lo posible para hacer más cómodo el espacio de juego y de convivencia del niño con la familia durante sus primeros años de vida; o que no se les obliga a aprender a leer y… aprenden todos y ¡de qué manera! Finlandia es considerado uno de los mejores sistemas educativos del mundo y de Europa, ocupando el segundo puesto entre 167 países.

Por eso quiero animar a todas las familias a crear un pequeño espacio creativo en casa

No necesitamos más que un metro y poco más cuadrado. Pero si tomamos la decisión debéis pensar que ese espacio es suyo. Les enseñaremos a mantenerlo ordenado, a cuidarlo y lo que suceda en ese espacio mientras el niño está trabajando es su responsabilidad, pero es un espacio creativo, es decir, si algún día, alguno de sus trabajos debe quedar secando, o se escapan algunos papelitos por el suelo, o deja su manita de polvo blanco señalada en el cristal, pensemos que en menos de un abrir y cerrar de ojos, echaremos de menos tenerlos con nosotros en casa. Tenemos que ser pacientes.

Tampoco necesitamos una gran inversión, podemos ir ampliando sus materiales con el tiempo:

  1. Una mesa y una silla adaptada a su tamaño
  2. Una estantería para albergar sus utensilios y sus creaciones
  3. Materiales a su alcance: lápices, ceras, rotuladores, tijeras, rodillo, una pequeña plancha para modelar, pasta de secado al aire (mancha menos y se seca al aire por lo que tras unos días podrá pintar las piezas y barnizarlas).
  4. Recursos interactivos en los que inspirarse. Hay muchos y muy buenos. Descarguemos un poquito los dispositivos de casa de juegos y acceso a shorts y enseñémosles la ruta para acceder a estos contenidos tipo «arte para niños» en YouTube.
  5. Con el tiempo, podemos ir ampliando poquito a poco sus recursos artísticos, como un caballete de mesa, pinceles, lienzos y acuarela. Aunque siempre recomendaré las tiendas de Bellas Artes por su especialización, criterio y calidad en los materiales, para empezar, si son muy pequeños, hay buenos y muy baratos materiales en plataformas como Temu, Shein, que nos permiten comprar un caballete de mesa por 10 € o una batería de lienzos por 7 €. Si deciden ir a clases de Arte, esto cambiaría un poco, pues la inversión en material de calidad es importante para nuestros futuros pequeños grandes artistas.
  6. Mucha ilusión. Digámosles que les vamos a crear su propio miniestudio de artistas.

Al principio quizás debemos ofrecerle que vayan a su espacio a jugar y crear, pero en menos tiempo del que pensamos, los niños acceden a su pequeño estudio sin pensar cada vez que lo necesitan. No es raro ver que, tras unas semanas, ese espacio se convierte en uno de sus favoritos y cuando «queremos buscarlos…sabemos donde encontrarlos».

La hiperactividad infantil y el Arte: cuando crear ayuda a ordenar el mundo interior

Hablar de hiperactividad en la infancia es hablar de diversidad. Durante mucho tiempo no se supo cuál era la razón por la que algunos niños movían su cabeza de forma distinta. Se entendía la hiperactividad tan sólo desde la dificultad, el exceso, la ansiedad o el problema, pero… de repente TODO CAMBIÓ, y lo hizo para bien, para dar una oportunidad o miles a un cerebro del que cada vez sabemos más y mejor que no es «defectuoso» si no que funciona de forma diferente y que trabajado como corresponde, tiene posibilidades infinitas.

Buenas noticias que venían a demostrarnos que existen entrenamientos respetuosos y muy eficaces que realizados de forma correcta nos permiten acompañar a estos niños y ser testigos de un asombroso desarrollo madurativo. Una de las estimulaciones más potentes en este sentido es gracias al ARTE.

¿Qué es la hiperactividad?

La hiperactividad, de forma muy resumida, es un trastorno madurativo del neurodesarrollo que afecta al lóbulo fronto-temporal del cerebro responsable de la planificación y ejecución de tareas, el autocontrol de impulsos y, en muchas ocasiones, el control de la atención, de ahí que, a veces, se relacione con el TDAH, (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) . Suele manifestarse en la infancia, aunque muchas personas no son conscientes de ello hasta edades más avanzadas como primeros cursos de secundaria o incluso edades adultas. Otra de las buenas noticias es que, aun en esta etapa, la hiperactividad se puede trabajar y dar lugar a estados personales, emocionales y profesionales tremendamente satisfactorios ya que no está aparejado a un trastorno cognitivo, de hecho, niños con altas capacidades también pueden padecer trastorno por hiperactividad sencilla o combinada, ya que no implica menos capacidad de aprendizaje si no otra forma de procesar la información.

Moverse en exceso no tiene nada que ver con ser hiperactivo

Cuantas veces he escuchado a mamás o papás decir la frase de: «no para quieto, yo tengo mis sospechas de que mi hijo es hiperactivo». No y cien mil veces no.

He querido empezar con esta explicación porque la considero muy necesaria para no etiquetar erróneamente a niños, y escribo esto porque a menudo y desgraciadamente, es etiquetar lo que hacen en algunos centros y no es diagnosticar, que sería lo importante, para ofrecer la oportunidad de acompañar de forma adecuada a quienes realmente lo necesitan.

Un niño que se mueve en exceso no es hiperactivo, tiene la hiperkinesia típica, no anormal, de los niños sanos que derrochan energía. Es decir, una elevada necesidad de movimiento propia de esta etapa infantil. Son niños que corren, saltan, exploran, descargan de forma natural, niños que, en algunas ocasiones, no reconocen aún el concepto de límite o peligro incluso, por lo que no saben cuándo o cómo parar hasta que nosotros, los adultos, les acompañamos (y es muy necesario) en el aprendizaje de la auto regulación.

La hiperactividad, en cambio, no es un estado físico, aunque a veces conlleve sintomatología física aparejada, es un estado mental y neurológico. Los síntomas comienzan en el interior, en el autocontrol de los impulsos, la focalización del pensamiento, la captación ordenada de la atención y aunque también suelen manifestarse síntomas físicos como inquietud y exceso de movimiento constante, su origen no está en el cuerpo, suele ser una descarga ansiosa de no reconocimiento temprano de sí mismos. Por esto mismo, un niño puede estar perfectamente sentado y seguir manteniendo pensamientos acelerados, dificultad para concentrarse o sensación interna de desorden.

Mami, papi, profe ¿Qué ocurre en mi interior?

Desde la neurociencia sabemos que en el cerebro de un niño o un adulto hiperactivo:

  1. Hay menos actividad en las áreas prefrontales, responsables de la planificación, la atención y el autocontrol.
  2. Existe una regulación distinta de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con la motivación, el placer y la atención.
  3. El cerebro busca estímulos constantes para mantenerse en un estado permanente de excitabilidad. Por eso muchos niños hiperactivos (no todos) necesitan tocar, crear o experimentar.
  4. Y aquí viene el verdadero problema y mi verdadera reivindicación. Tienen dificultad en clase sobre todo si los maestros no están preparados o no tienen experiencia con niños hiperactivos: castigos constantes porque, según el profesor, no atiende o no quiere estar quieto; falta de autoestima y seguridad en si mismos, porque le han colgado cada día la etiqueta de «problemático»; no quiere estudiar o hacer las tareas; se deja el examen sin contestar … ¡ Madre mía! bienvenidos al mundo real…NO ES QUE NO QUIERA, ES QUE NO PUEDE. ES HIPERACTIVO O HIPERACTIVA, un brillante en bruto… Debemos ayudarlos a crecer, pulirlos, hacerlos brillar, no tenemos que pisarlos, destrozarlos por desconocimiento o comodidad. La falta de vocación, lo siento, trae consigo falta de dedicación y, por tanto, de percepción de las necesidades educativas de tus alumnos. Y la falta de ganas de trabajar también hace que, si no tenemos ayuda de un departamento de orientación, no pongamos a disposición de esos niños los recursos necesarios para que salgan adelante. A menudo, no cuesta tanto trabajo. Un ejemplo cualquiera y básico sería adaptar las tareas para que puedan ir haciendo una a una, tengamos en cuenta que a un niño hiperactivo, que tiene dificultad en la ejecución de tareas, no puedes pedirle en una misma ocasión que conteste a cuatro instrucciones a la vez, ya que a la que hace dos ya se ha atorado.

El Arte como herramienta de regulación y desarrollo

Aquí es donde el Arte se convierte en un aliado extraordinario.

La actividades artísticas (dibujo, pintura, cerámica, escultura, música…) no solo son una forma de expresión si no que, realizadas de forma correcta, sirven a nivel de red neuronal como una experiencia neurológica completa.

Cuando un niño crea, su cerebro:

  1. Activa ambos hemisferios cerebrales.
  2. Desarrolla una conexión completa entre emoción y pensamiento.
  3. Encuentra una vía natural y efectiva de autoregulación. Su cerebro comienza a conectar, a focalizar, a relajarse, a parar.

Mi experiencia me ha demostrado en numerosas ocasiones que la práctica artística continuada produce cambios reales y muy beneficiosos en el cerebro infantil, especialmente en niños con hiperactividad. ¿ Cómo he podido evaluar esto? Con el paso del tiempo, la observación continuada en el aula y en el nivel de entrega y consecución de los trabajos. En los cambios de actitud, el estado de ánimo, las ganas, la participación no obligada y el tiempo de desempeño voluntario de las tareas. La capacidad de expresión artística, oral y escrita y la asimilación y expresión de la crítica artística constructiva. La mejora en los resultados académicos y en la relaciones personales con la familia y sus iguales. La mejora en la atención al orden y la planificación de los horarios semanales.

  1. Mejora la atención sostenida. El acto de crear requiere foco. Poco a poco, de forma controlada, el niño aprende a mantener la atención durante cada vez más tiempo ya que la motivación es libre no forzada. el cerebro decide seguir porque quiere no porque lo obligan. esto es fundamental.
  2. Regulación emocional. El Arte permite canalizar la frustración, enfado o exceso de energía de forma segura. Disminuye la ansiedad y mejora el equilibrio emocional.
  3. Aumento de la segregación de hormonas como la dopamina de forma natural. Crear produce placer. En un cerebro que está tan acostumbrado a fallar o a no terminar lo que empieza (porque así se han encargado otros de describirlo) la motivación y la satisfacción que aporta la sensación de logro es clave en un órgano que busca estímulos constantes.
  4. Desarrollo de autocontrol. El arte requiere paciencia y aprender a esperar en el Arte es necesario, algo de lo que un cerebro que no sabe controlar sus impulsos carece. Respetar turnos, procesos, tiempos de secado, esto que parece nimio es uno de los entrenamientos más importantes para fortalecer la corteza prefrontal. La recompensa esta cada vez más posible y más satisfactoria.
  5. Mejorar la coordinación y la conciencia temporal. Especialmente en actividades manuales, se refuerza la psicomotricidad, la conexión mente- cuerpo.
  6. Refuerzo de la autoestima y la seguridad en si mismo. Esto me parece FUNDAMENTAL. El niño se siente capaz. No hay una respuesta correcta o incorrecta, hay una respuesta que me vale siempre y que te vale a ti y que les vale a ellos, con la que somos capaces de disfrutar todos y la has creado tú, y te damos las gracias por hacernos participes de ella. Qué distinto el mensaje ¿verdad? al de …siempre está interrumpiendo el aprendizaje de sus compañeros. Eres una oportunidad de hacernos crecer con tu Arte, no un problema.
  7. Mejora las relaciones personales con mi familia, mis compañeros y amigos porque no me siento juzgado por ellos, no se dirigen a mi para reñirme constantemente, los noto relajados, les gusta lo que hago y creo. Me siento valorado, estoy haciendo algo bonito y me lo dicen.

El Arte y las Necesidades Educativas Especiales

Para niños con necesidades educativas especiales el Arte ofrece algo que muchas metodologías no siempre consiguen: un espacio sin juicio.

No importa cuánto tarden, cómo se muevan o cómo interpreten la tarea, el Arte se adapta al niño, no al contrario. En niños hiperactivos, esto se traduce en:

  1. Menos conductas disruptivas por la relajación de la ansiedad condensada.
  2. Más capacidad de expresión oral, artística, escrita por el aumento progresivo de confianza en sí mismos.
  3. Mayor sensación de relajación tras la actividad. Nuestro cerebro no ha estado bailando sin parar de un lado a otro durante un ratito, está agradecido y descansado.
  4. Mejor relación con el grupo.

Crear para crecer

Me gustaría añadir que la hiperactividad no es una enfermedad, no tiene que ser «curada». Es una dificultad que requiere su tiempo y su entrenamiento para enseñar a nuestro cerebro a organizarse, a sentirse seguro y a encontrar su propio ritmo, y ¿sabéis qué? Que entrenado de forma correcta puede llegar a ser un cerebro mucho más capacitado que uno que no haya tenido dificultad alguna por el mero hecho de que este entrenamiento es bueno y beneficioso para el correcto desarrollo de la mente humana y al que no se somete un cerebro que habitualmente consideramos «normal». Por lo que a igualdad de condiciones, un niño o niña hiperactiva correctamente acompañados por expertos en la materia (neuropsicólogos y maestros especializados) no solo pueden tener una desarrollo evolutivo normal si no SUPERIOR a nivel personal, emocional y profesional.

Marián Saco De Larriva

Maestra de Primaria y Lengua Extranjera

Profesora de Arte. Fundadora del Proyecto Mi Primera Obra de Arte con sede en SACCO Estudio de Arte en Villarreal

La importancia de parar: volver a sentir para volver a ser. El arte como cura

Vivimos demasiado de prisa

Acelerados en el trabajo, en casa, en la crianza de nuestros hijos, en la forma en la que nos comunicamos y hasta en la manera que descansamos. Me preocupa esta tendencia a llenar cada minuto de actividad, de estímulos, de ruido. Hemos confundido estar ocupados con estar vivos cuando es precisamente lo contrario lo que nos conecta con nuestro yo interior. En esta carrera constante estamos perdiendo la noción de algo esencial: el «aquí» y el «este momento» dónde y cuándo conectamos con la realidad de la vida y con aquello que nos hace humanos.

¿Es que acaso nos da miedo enfrentarnos a esta realidad? A la de reconocer que somos humanos. ¿Nos asusta parar? Esta alerta constante ha generado en nosotros una desconexión con nuestro yo, un espacio vacío y ya sabemos de sobra que la distancia hace el olvido. Nos incomoda la sensación de estar un rato con nosotros mismos como nos incomodaría estar sentados frente a alguien a quien no ves desde hace un tiempo y con quien se te ha olvidado de qué hablar y si el uno con el otro tenéis algo en común. Para más «Inri» en un momento de lucidez puede recordarte algo que no te gustaría escuchar ni sentir.

Cuando dejamos de sentir

Hemos llegado hasta aquí gracias a nuestros sentidos: observar, respirar, oler, degustar, tocar, escuchar, están ahí para recordarnos que estamos vivos. Sin embargo, cada vez los usamos menos. Comemos sin saborear, respiramos sin darnos cuenta, miramos sin ver y, a menudo, oímos por tres o cuatro canales distintos cuando solo tenemos uno, lo que vuelve loco a nuestro cerebro, (se llama contaminación acústica, o intoxicación diría yo. Intentamos prestar atención a un audio, mientras tratamos de seguir atentos a lo que tenemos delante y estamos pendientes del ordenador mientras escuchamos de fondo el sonido de la Tablet de nuestro hijo y la tele por otro lado, atendemos sus demandas e intentamos poner en orden todo lo que nos queda por hacer hoy y los días siguientes. El ruido interno también nos afecta) Es una LOCURA.

Lo que aprenden nuestros hijos cuando nunca paramos

Los niños no aprenden de lo que decimos si no de lo que hacemos. Imitan por instinto y muchas de las actitudes que desarrollan no son genéticas, son adquiridas. Es decir, tu hijo o hija no hace eso igual que tú porque lleve tu sangre, lo hace porque te observa desde que nació.

Si nos ven siempre con prisas, con el móvil en la mano, sin espacio para el silencio o la contemplación, si nos dejamos llevar por la inercia de los malos modos, de la ausencia de tiempo para dar un beso o las buenas noches, si no nos ven con un libro en la mano, o disfrutando en familia de un paseo o una buena película, si arrancamos de nuestro día a día cosas esenciales porque no hay tiempo para ellas, si tiramos de su mano cuando intentan enseñarnos el arcoíris porque llevamos prisa, o respondemos con un «venga, no te pares» cuando intentan comunicarse con nosotros, interpretarán que eso es la vida.

Una vida sin pausa que genera adultos con dificultad para:

  1. Escuchar su cuerpo
  2. Reconocer sus emociones
  3. Gestionar la frustración
  4. Controlar sus impulsos
  5. Planificar y ejecutar tareas sencillas y complejas
  6. Analizar situaciones desde la calma sin dramatizar
  7. Tener relaciones sociales saludables
  8. Empatizar con sus iguales
  9. Desarrollar la creatividad
  10. Entender la importancia de la generosidad y el agradecimiento
  11. Medirse y superarse a sí mismos
  12. Ser resilientes y adaptativos a los cambios
  13. Encontrar sentido a su vida

He notado la angustia de muchos papás de adolescentes cuando me dicen: Marián, no se por qué es así, pasa de todo, no le interesa nada, no sabe que quiere estudiar, le hablas y parece que hablas con la pared, le da igual si hace frío o calor. Está metido en su mundo con su móvil.

¡Bienvenidos al mundo de la desconexión del «Ser»! La aceleración constante no solo nos agota, nos deshumaniza y ahora, en este punto, es más duro porque como siempre os digo, eliminar un hábito es mucho más difícil que enseñarlo correctamente desde edad temprana. Es cuando nuestra corteza cerebral está en pleno desarrollo cuando tenemos que alimentarla.

Parar no es perder el tiempo es ordenar

Orden, paciencia, tiempo. Que palabras más bonitas.

Todo ocurre cuando hay orden, paciencia y tiempo.

Las ideas maduran en silencio. La intuición aparece cuando dejamos de forzar. El crecimiento emocional y físico necesita pausa, si no por qué dormimos. Parar no es hacer menos, es hacer mejor.

Cuantas veces he escuchado las frases de: es que venimos a este mundo sin libro de instrucciones; es que nadie nos enseña a ser padres; si tuviéramos la receta…

¡ Aquí la tienes! No hay más

La vida es vida desde hace millones de años. Esto no es nuevo, no queramos venir ahora a inventar aquello que siempre ha dado resultado. O ¿por qué hemos evolucionado si no de esta forma tan increíble? Pues, porque el ser humano siempre ha sabido hacer las cosas, no todo ha sido malo ni en vano. El cerebro humano necesita esquemas claros y ordenados, tranquilidad para analizar las situaciones y tiempo para llevar a cabo el aprendizaje para desarrollar nuestro potencial y vivir una vida productiva y con sentido y como consecuencia feliz emocionalmente.

El Arte como camino de regreso

Quizás no podamos frenar el mundo, pero si podemos crear espacios y momentos en los que el tiempo quede suspendido entre motas de color, sonrisas e ilusiones que iluminen nuestra calma y nos devuelvan lo que la prisa nos roba.

El Arte, por naturaleza, es un acto humano lento, implica imaginar, observar, analizar, escuchar, buscar, tomar consciencia, tocar, equivocarse sin miedo, esperar, fluir, sentir. El Arte no busca resultados, busca presencia. Por ello es una de las herramientas más poderosas que existen para reeducarnos a dedicarnos tiempo para reencontrarnos y recuperarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones de amistad y familia.

Y aunque las posibilidades son infinitas, desde Mi Primera Obra de Arte, os proponemos algunas actividades muy interesantes y fáciles de hacer. No se trata de hacer grandes cosas, si no de crear pequeños rituales conscientes que se convertirán en grandes mejoras con las que podríamos empezar a darle forma a nuestra nueva vida y la de nuestros niños.

🔹Se acabo sentirse culpable por olvidar. Somos humanos y nuestra mente tiene limitaciones. Planificar los domingos por la tarde nuestra semana en una agenda, aunque sean pequeñitos, esto les encanta. Nos ayudará a nosotros y a ellos. Enseñarles desde la infancia la importancia de «descargar» y ordenar nuestros horarios en una agenda para no responsabilizar a nuestro cerebro cuando algo se nos olvide. Llevamos demasiadas cosas en la cabeza y esto nos permite tenerlo todo controlado sin necesidad de una energía extraordinaria. En esta agenda podremos poner los horarios del cole, de deportes, clases de Arte, visita a la peluquería, acontecimientos sociales, además de todas sus obligaciones escolares como tareas, trabajos y exámenes y sus planes del fin de semana.

🔷Salir a caminar de vez en cuando sin prisa y sin rumbo. Pasear por pasear. No ir sumido en nuestros pensamientos, detenerse con ellos a hablar de lo que vemos, observar hojas, sombras, olores, colores, piedras, el tiempo y comentarlo juntos.

🔷Compartir momentos de lectura, dejar el móvil a un lado un rato, ver una serie en familia o un documental de Arte en Youtube. Dejar que lo escojan ellos de vez en cuando pero hacerles entender que, a veces, también deberán compartir nuestras preferencias. Es importante que sean conscientes que todos somos importantes y tenemos nuestras necesidades y también queremos que las compartan con nosotros.

🔷Dibujar sin objetivo. Sentarnos juntos en familia para realizar cada uno la actividad que le guste. Dibujar, leer, escribir, pensar… Dibujar libremente sin condicionantes es una actividad muy relajante, si además se realiza con música nos envuelve en una atmósfera muy placentera. (En la escuela, a veces, nos sorprenden bailando al ritmo de la música o tarareando mientras pintan. Es un momento muy entrañable)

🔷Escribir. Crear a través de la palabra es una de las actividades más importantes para nuestro desarrollo cognitivo y que desgraciadamente la tenemos muy olvidada. Tiene infinitos beneficios. Preparar un momento a la semana en la que ambos escribáis algo interesante para que el otro lo lea es una actividad muy beneficiosa además de muy divertida para ellos.

🔷Modelar con barro o plastilina. Pedirles que dibujen una forma cualquiera, este paso previo es muy importante. Luego invitarles a realizarla con barro o pasta de secado al aire. Conectar con el tacto, con la tierra, sentir su temperatura y su textura. El barro nos obliga a ir despacio y nos permite crear una forma de aquello que habían imaginado.

🔷Crear un pastel y decorarlo. No es necesario que sea una fecha señalada para poder cocinar con nuestros niños. Actividades como cortar, pelar, remover, son esenciales para la psicomotricidad además de muy divertidas para ellos y para los adultos. No es necesario que lo hagan perfecto. A menudo nos estresamos por el resultado, eso no es importante, su cerebro está trabajando en mejorar, eso no se hace de un día para otro. Es igual que cuando hacen su cama, lo importante no es que la hagan bien si no que la hagan.  El Arte se extiende a todas las facetas cotidianas de  nuestra vida, también a la culinaria. ¿Quién sabe si tenemos un pequeño gran chef entre nosotros?

🔷Nuestro pequeño jardín. Pedirles que pinten una flor que les guste. La mayor parte de las veces, las flores que pintan los niños son fácilmente identificables con el chat GPT. Intentar comprarla. Plantarla con ellos y ayudarles a cuidarla. Le han dado forma real a un pensamiento previo, esta etapa de análisis previo y bocetaje es importante de forma transversal en todas las áreas de nuestra vida, también en la artística. Nos ayuda a evaluar de dónde partimos y a dónde queremos llegar.

Fomentando el amor por el arte en los niños

Para un niño lo que no aparece en su cotidianeidad, no existe

Además de la creación y expresión artísticas propiamente dichas, hay otra actividad con la que los adultos podemos contribuir a que los niños se acerquen al arte y lleguen a entenderlo. Para ello, la alianza familia y escuela es fundamental y es uno de los pilares en los que nos basamos en Mi Primera Obra de Arte.

Cuando crean su propia obra, los niños exploran el mundo que los rodea, pero también pueden descubrirlo en las obras de otros o en la propia naturaleza, lo que puede abrirles el camino para llegar a apreciar el arte como parte de sus vidas. Muy poca gente continúa “haciendo arte” cuando deja de ser un niño, pero la afición al arte es un logro y un placer que puede enriquecer nuestro espíritu toda la vida.

Comentar con un niño un cuadro, una escultura o una obra arquitectónica, por ejemplo una fachada de un edificio o de una iglesia, puede parecer pretencioso e incluso pedante. Sin embargo, nadie como los niños, cuyos sentidos y percepción están tan abiertos y acostumbrados a escudriñar lo que los rodea, tiene mejor disposición para ello. Intercambiar puntos de vista sobre lo que vemos en museos, en la calle o en la misma naturaleza es una forma sencilla de que el niño adquiera una incipiente base de conocimientos sobre la que desarrollar una futura afición.

Os recomiendo algunas pautas a seguir que en Mi Primera Obra de Arte trabajamos con las familias durante todo el curso para estimular el desarrollo artístico con los niños y fomentar la participación activa de las familias.

  • Hay que procurar que el niño se sienta cómodo y seguro al expresar sus opiniones sobre la obra, ya que con ellas estará revelando algo muy personal. Animarlo a hablar de su trabajo en la escuela de arte y fortalecer su seguridad preguntando para que nos cuente y nos enseñe. La escuela siempre está abierta para que las familias puedan entrar a ver el trabajo que cada día desarrollan sus niños. Igual ocurre con la etapa adulta. Es de vital importancia no hacer juicios negativos, reírse o menospreciar cualquier manifestación del niño, recordemos que ellos aprenden por imitación y en la etapa infantil aún no tienen un claro concepto de sí mismos por lo que todo aquello que nosotros les expresemos, aunque aparentemente creamos que ellos no lo aprecian, lo retendrán en su mente y su corazón.
  • Familiarizar al pequeño y al alumno adulto con los museos y galerías de arte de su ciudad o próximos a su domicilio. Programar encuentros, en familia o con amigos, ya sean salidas para observar el arte en todas sus manifestaciones y actividades en la propia escuela en las que vendrán artistas profesionales a hablar e interactuar con los adultos y sus familias. (El calendario de participaciones se elabora a principio de curso, mes de septiembre y se abre la participación al público en general mediante solicitud de plaza hasta completar aforo. De esta forma conseguimos que, no solo sean los alumnos de la escuela los que participen de la formación artística, si no cualquier persona que lo desee.
  • Ayudarle a coleccionar reproducciones e ilustraciones de obras de arte. Se pueden adquirir en las tiendas de regalos de los museos, en las papelerías y las librerías y online. No tienen un coste excesivo. También se pueden recortar de revistas, folletos o de las secciones de arte de los periódicos. Les enseñamos a ser pequeños coleccionistas de obras de arte y les ayudamos a comenzar a preparar su propio porfolio de sus obras realizadas en la escuela. Esto hace que el alumno vaya adquiriendo conciencia de su evolución e, igualmente, cuando ya está en disposición libremente de presentar sus obras al exterior, las tiene todas catalogadas. Ejemplo, concursos, etc.
  • Suscribirlos a alguna revista mensual de arte y leer con ellos. Newsletters o blogs de arte. Recordemos que cualquier momento que podamos dedicarles durante nuestros agitados días, será para ellos un gran regalo. Si lo relacionamos con el arte, o con cualquier otra cosa por la que queramos que el niño tenga interés, hacerlo en su compañía multiplicará sus ganas por esa materia en concreto ya que percibe que es algo que puede compartir con sus padres o amigos.
  • Observar el arte en la propia naturaleza. Comentar con el niño los cambios de luz, a lo largo del día o en distintas estaciones del año, y su efecto sobre los objetos que vemos y nuestra vida en general ayudará a centrar y reflexionar al niño acerca del entorno donde se desarrolla su existencia . También se pueden intercambiar impresiones sobre las formas, el color y la textura de plantas, árboles o rocas… Los niños son observadores natos y si los ayudamos a pensar en lo que ven desde una perspectiva estética no solo aprenderán a valorar el arte, sino también la naturaleza que lo inspira. Aprenderán a ser más visuales y perceptivos e identificarán aquello que les gusta y que no. Es una forma muy bonita de que comiencen a conocerse a sí mismos. En Mi Primera Obra de Arte, durante el curso, los alumnos experimentan diferentes formas de hacer arte y algunas de ellas requieren de la programación de salidas al exterior a pintar o tomar referencias, a tocar con sus propias manos, a oler y a escuchar aquello que luego van a querer transmitir y reflejar en su obra de arte.
  • Y por supuesto, adquirir arte. No hay nada como que un niño crezca en un entorno en el que ver y disfrutar de una obra de arte es algo familiar para él. Sentir que puede observarla y dejar libertad a la expresión de sus sentimientos hacia ella. Afortunadamente, hoy día hay arte disponible para todos los gustos y, perdónenme la expresión, para todos los bolsillos. Desde un «print» que reproduce cualquier obra que queramos tener en casa y que puede ser enmarcado o impreso en cualquier formato hasta la propia obra original, una fotografía enmarcada con detalle, una pequeña muestra escultórica…

«No hay nada más triste y sin identidad que unas paredes o estancias vacías de historia, la nuestra y la de nuestro mundo. Les invito a vestir sus vidas de arte desde hoy.» Marián Saco

El arte de crecer: creatividad y desarrollo en la infancia.

LA IMPORTANCIA DE LAS CAPACIDADES ARTÍSTICAS PARA EL DESARROLLO COGNITIVO Y EMOCIONAL

Pintar, dibujar, tocar un instrumento musical, modelar, cantar… son actividades básicas para el desarrollo biológico, educativo y emocional de los niños. Pero son, además, una necesidad espiritual, tanto para ellos como para nosotros, los adultos. A través de estas, los más pequeños aprenden a explorar el medio que los rodea, adquieren conciencia de sí mismos y de los demás y crecen como personas más reflexivas en lo emocional y lo cognitivo.

La inestimable contribución del arte

Desarrollo personal: las actividades artísticas proporcionan oportunidades para expresar la propia creatividad, para descubrirse uno mismo; potencian la autoestima y el concepto de sí mismos. Cada obra de arte genera en el niño que la crea el sentimiento de haber alcanzado un logro, una meta y esto contribuye a desarrollar la autoestima y el valor positivo hacia la imagen que tienen de ellos mismos.

«He tenido la experiencia de trabajar con niños que eran incapaces de mostrar sus primeros trabajos a sus papás. Es hermoso observar como, cuando va pasando el tiempo, se sienten orgullosos de su trabajo y están deseando enseñarlos a compañeros, familia y amigos. Son retos muy importantes para ellos. Me encanta ver sus sonrisa ante la consecución de los mismos y la sensación de satisfacción y alegría que muestra su mirada.» (Marián Saco)

Alumna realizando un vaso en barro con la técnica del apretón y decorándolo con la técnica decorativa de adiciones

Desarrollo social: las habilidades sociales se potencian a medida que el niño aprende a cooperar en un trabajo artístico realizado en grupo o es capaz de conversar y colaborar constructivamente en el trabajo de otro compañero de forma grupal o individual. Los niños son conscientes de su contribución personal al trabajo colectivo y adquieren, además, el sentimiento de pertenecer a un grupo del que se sienten parte importante.

Desarrollo físico: los músculos más pequeños, como los que intervienen en la coordinación mano-ojo, la lateralidad y el sentido del ritmo… se desarrollan gracias a las diversas formas de expresión artística. Habilidades grafo motoras y viso espaciales son fundamentales para el correcto desarrollo cognitivo del niño.

Dibujar, pintar, modelar con arcilla, cortar, requieren movimientos precisos que conectan el cerebro, a través de los sentidos, en este caso, la vista con el tacto. Esto les ayuda a gestionar la capacidad visoespacial.

Así pues, el uso de las herramientas necesarias para la labor artística fomenta el control muscular fino de los dedos y las manos, crucial para las tareas de escritura y otras más cotidianas como abrocharse los botones o los cordones de los zapatos.

«Crear arte requiere de un planificación, de una distribución de las formas, colores y líneas en el espacio limitado. Este trabajo ayuda a mejorar la comprensión de proporciones y distancias.»

«Hay niños que no saben hacer su cama o poner un mantel porque el mero hecho de cuadrar las esquinas de la tela con la estructura material les cuesta un mundo. Tienen algunas dificultades relacionadas con el área visoespacial. Esto es frecuente en los niños que tienen dificultades de lateralidad cruzada, por ejemplo. La actividad artística les ayuda a esto y a establecer preferencias del área cerebral y la mano dominante lo cual es clave para la escritura y otras habilidades físicas; otros, no son capaces de aprovechar una hoja de papel, ya que al comenzar a escribir, les cuesta mucho trabajo centrar la escritura o el dibujo en el papel y cuando les pides que realicen un dibujo concluyen utilizando una esquina pequeña a la derecha o la izquierda del formato elegido.«

«Los niños con hiperactividad a menudo presentan dificultades para controlar sus movimientos de forma precisa, debido, a veces, a la hiperkinesia, exceso de actividad motora. Esto suele estar relacionado con la dificultad para gestionar la ansiedad y el estrés que les causa no saber cómo autocontrolar diferentes situaciones y estados. Dibujar, recortar, construir, modelar, centrarse durante cortos periodos de tiempo, les hace sentir que son capaces de tener el control físico y una gran satisfacción por conseguir terminar dicha tarea, algo harto difícil para un niño hiperactivo, lo que deriva en un aumento progresivo de su autoestima y la motivación y, por tanto, de una evolución constante en el desarrollo de dichas capacidades.»

Alumna realizando un collage con motivos orgánicos decorados con acrílico

Desarrollo del lenguaje: el arte es una forma de expresión que no se basa en la habilidad verbal, sin embargo, el lenguaje y el vocabulario infantil experimentan un enorme desarrollo a medida que los niños hablan de sus trabajos y comparten de forma constructiva sus opiniones. Además, el dibujo contribuye al desarrollo de la escritura en los más pequeños.

«Esto es algo que realmente me emociona trabajar con los niños: la expresión oral y escrita, ya que creo que, salvando algunas excepciones y respetando la labor de maestros que si le dan la importancia que tiene, nuestro sistema educativo tiene considerables lagunas en el desarrollo de estas áreas. Que mis alumnos se interesen por leer, escribir y hablar de temas relacionados con el arte, las emociones y los sentimientos es fundamental para el desarrollo de mi trabajo y su crecimiento como artistas y como personas».

Desarrollo cognitivo: los beneficios del arte se dejan notar especialmente en áreas como la representación simbólica, la relación espacial, la expresión oral y escrita, las habilidades ejecutivas, el orden, números y cantidades, series, clasificaciones, etc.

Desarrollo emocional: El arte nos ayuda a desarrollar consciencia de nosotros mismos, a superar retos y conseguir objetivos, a desarrollar aptitudes como la empatía, la paciencia, tan necesaria para niños con dificultad en el control de los impulsos, la organización y planificación. Además, nos ayuda a manejar tensiones, físicas y emocionales. Este control se traduce en una mejora en la gestión y coordinación de situaciones conflictivas para la persona.

«El arte permite a nuestros niños expresar emociones de forma no verbal, lo que es aparentemente más seguro para ellos y especialmente más beneficioso para alumnos que tienen dificultad para manejar sus impulsos. Mirar, observar pero, sobre todo manejar material artístico como la arcilla, proporcionan una experiencia sensorial que nos ayuda a clamar el sistema nervioso.»

Alumno realizando una pieza de barro en torno

Desarrollo de la atención y la concentración plena: el arte requiere enfocar la atención en una tarea específica. Esto ayuda a las personas a desarrollar la capacidad de atención y la paciencia al centrarse en una tarea por periodos más prolongados.

En «Mi Primera Obra de Arte» las tareas son específicas y adaptadas a las diferentes necesidades educativas del alumno, ya que una de nuestras prioridades es el conocimiento de los retos y dificultades de nuestros alumnos. Cada uno de ellos viene a la escuela con un objetivo distinto e individual y, aunque todos viajan a través de la enseñanza artística, soy consciente de la importancia que el desarrollo de las capacidades artísticas tiene para otras muchas de forma transversal.

«Como ejemplo, el arte es una herramienta poderosa para ayudar a los niños con hiperactividad y falta de atención, (como es el caso del TDAH). Las actividades artísticas ofrecen beneficios específicos que promueven tanto el desarrollo físico como la autorregulación emocional y la mejora de la atención.»

Desarrollo en la planificación y la rutina estructurada: crear una asistencia regular y disciplinada de los niños a cualquier actividad, no solo la artística, genera una estructura en la vida del niño que va organizando su mundo. Sabemos que el orden es la base fundamental del éxito en el crecimiento, tanto personal como profesional. La rutina nos ayuda a establecer un sentido de previsibilidad y, por tanto, de cierto control ante nuestro entorno, lo que ayuda a tener una concepción de seguridad y tranquilidad.

«Me gustaría concluir, insistiendo como siempre, en la enorme, transformadora y enriquecedora oportunidad que podemos ofrecer a nuestros niños y a nosotros mismos al utilizar el arte como puente hacia el crecimiento personal y, por ende hacia el resto de facetas que sustentas los pilares de nuestra vida en su conjunto, familiar, profesional, social, etc… ¡Aprovechémosla!

Marián Saco, docente y artista plástica

El arte y los niños. Mi primera obra de arte

El leit motive de “Mi Primera Obra de Arte” es la transmisión y el desarrollo de valores relacionados con el amor y el respeto a las artes plásticas desde una perspectiva de crecimiento personal de los niños y adultos, físico, cognitivo y emocional, a través del aprendizaje significativo del arte, de ahí la evolución conforme se van desarrollando las diferentes capacidades.

Para ello, cada “pequeño gran artista” y alumno adulto irá desarrollando una educación integral del arte a través de la adquisición de conocimientos, experimentación y creación de la conciencia propia de su crecimiento como artista.

En Mi Primera Obra de Arte, cada artista se siente libre para encontrar su propia forma de expresión en la pintura y la escultura y en el tratamiento de los espacios, creando así, lo que MarianSacoArtStudio defiende por encima de todo, la original identidad artística de cada niño.

“Podemos enseñar una técnica, pero jamás manipularemos la verdadera esencia creativa del niño” (Marián Saco)

Nuestra historia

Desde que era pequeña, transformaba todas las experiencias en colores, también las palabras, los días de la semana, las áreas que estudiaba en el colegio… disfrutaba de mi propio universo en el que retumbaban los ecos de color y allí vivía y crecía. Ahora, tras muchos años de maestra y mi experiencia como madre, sé que aquello no era nada raro o aislado. Los niños viven en su particular mundo de percepciones, y transforman en recuerdos agradables de colores, olores y sensaciones aquello que les gusta y que pueden percibir a través de sus sentidos; y en otros, no tan agradables, aquellos que no son buenas experiencias para ellos.

Si le pides a un niño que pinte a su maestra, si esta es para él o ella una persona cariñosa, será una muñeca llena de color, a menudo con un corazón por algún lado, alguna flor o arcoíris por otro, los ojos grandes y muy abiertos, las pestañas muy largas y una gran sonrisa. Esto no es casualidad. Los ojos, expresan sinceridad, dedicación y atención y, para ellos, los de su maestra son grandes y muy abiertos pues son un espejo en el que se ven reflejados, iguales a los de mamá o papá. Por eso es tan importante mirar a un niño a los ojos cuando queremos que les llegue lo que queremos comunicarles. En cambio, si la persona que quieren dibujar tiene poca empatía hacia los niños, es distante, estos la pintarán, literalmente, como una bruja, según el modelo o canon que tenemos aprendido en nuestra mente de lo que “tradicionalmente es una “bruja”, y los colores que la acompañarán nunca serán alegres ni diversos, más bien sin armonía y, si la tuvieran, sería monocromática y entre negros y grises o colores cuya combinación sería algo más agresiva. Esto el niño no lo sabe, pero nosotros si y constituye un ejemplo muy básico para explicar cómo los más pequeños transforman en expresión artística sus experiencias mucho antes de saber si quiera qué es la pintura.

Los niños tiene infinitas maneras de expresar sus sentimientos, aprenden con facilidad y todo, absolutamente todo, lo que vivan conforma una experiencia en su vida que determinará la percepción que tendrán del mundo y de las personas que les rodean. Por ello, desde Mi Primera Obra de Arte se trabaja, como objetivo principal, crear de la escuela un entorno confortable, tranquilo y bonito para ellos. Un espacio en el que, desde que los alumnos entran hasta que salen de ella, su realidad se pinta intima, confiada, amiga y de los colores .

Mientras me formaba en arte y ejercía como maestra en el colegio San Juan Bautista de La Salle de Córdoba, tuve la fortuna de trabajar con un gran equipo de intervención pedagógica cuyo objetivo prioritario era desarrollar las distintas áreas del conocimiento en el alumno y encontrar aquellas para las que el niño tenía una capacidad especial. Además, otra de nuestras prioridades en aquel entonces era la de reforzar y estimular el aprendizaje en niños con necesidades educativas especiales.

Explicación técnica durante una sesión con una alumna de 8 años

Conscientes de los muchísimos beneficios que la enseñanza de habilidades artísticas tenía en los alumnos durante toda la etapa educativa, inicié un proyecto en el que pude trabajar con las diferentes disciplinas artísticas en niños con ciertas dificultades como la hiperactividad y la falta de atención, a lo que iban asociadas diferentes necesidades como las de reforzar la autoestima, la seguridad en si mismos, la organización en la ejecución de tareas y la planificación, el control de los impulsos, la paciencia, entre otras muchas. Los resultados fueron muy positivos.

Esta experiencia, junto a mi gran pasión por el arte y mi vivencia propia como artista plástica, hizo que quisiera ir dando forma a mi sueño de crear una escuela de arte en la que los alumnos estuvieran verdaderamente inmersos en una atmósfera artística global, cuya formación fuera desde pequeños a adultos, mediante la estimulación temprana con los primeros y el contacto directo con experiencias artísticas para todos en general.

“Mi primera obra de arte” se funda en 2018 con el deseo de crear de ella una escuela artística multidisciplinar que abarque de forma transversal diferentes disciplinas artísticas: pintura, cerámica, escultura, como principales y fotografía, literatura, música, etc como apoyo transversal al proyecto, y que enseñe a los alumnos a ver el mundo en el que vivimos desde el arte, creándoles la conciencia de la importancia que la historia del arte ha tenido y tiene para la humanidad y desarrollando en el ellos la cultura artística y los valores de respeto y amor por ella.

En la escuela tienen acogida tanto alumnos desde edades tempranas (a partir de cuatro años), hasta etapas superiores en las que necesitan una preparación, por ejemplo, para la selectividad de bachillerato artístico u otras pruebas de acceso o adultos para iniciar o continuar con su formación artística.

«El objetivo de la educación debería ser encontrar y estimular aquellas capacidades para las que el niño ha venido dotado a este mundo. Para algunas personas el arte es una de ellas en sí misma. Para el resto, es el medio para encontrarlas». (Marián Saco)

Marta se convierte en Van Gogh

Considero que el arte juega un papel más importante de lo que creemos en la educación de los niños. Además de estimular el aprendizaje de otras áreas, como la lectura o las matemáticas, pintar, dibujar o modelar son actividades imprescindibles para el desarrollo de la percepción, la motricidad fina o la interacción social.

Las enseñanzas artísticas, desafortunadamente relegadas a un segundo plano por muchas familias y centros escolares en nuestro país, distan mucho de ser un lujo superfluo en la educación de los niños. Diversas investigaciones han demostrado que el arte juega un papel esencial, no solo en el desarrollo de los niños, sino, además, en su aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo.

La inestimable ayuda del arte

Entre esos estudios, uno realizado por la Facultad de Educación de la UCLA entre estudiantes estadounidenses de Secundaria, reveló que los que habían tenido una estrecha relación con el arte, dentro o fuera de las aulas, obtenían calificaciones notablemente más altas y tenían menos riesgos de fracaso escolar que los que carecían de esa experiencia.

Hace unos años, la prestigiosa publicación científica Nature daba cuenta de otra investigación realizada en colegios públicos de Rhode Island en la que se mostraban los resultados de una hora adicional de música y artes plásticas sobre niños de entre cinco y siete años que iban retrasados en casi todas las materias con respecto a sus compañeros de clase. Al cabo de siete meses, esos niños habían alcanzado el mismo nivel de lectura que el resto de los alumnos e incluso los habían sobrepasado en matemáticas. El director de la investigación no podía ser más claro al hacer conclusiones: “Creemos haber demostrado con datos científicos que la enseñanza artística no debe considerarse un lujo adicional, sino un componente fundamental de la educación, ya que puede ayudar a los niños a desarrollar sus capacidades en otras materias”.

Otro prominente especialista, el profesor de Harvard, Howard Gardner, pionero en los años 80 de la teoría, hoy unánimemente aceptada, estudiada y de carácter evolutivo, de las inteligencias múltiples, sostiene que “un buen sistema educativo tiene que alimentar y fomentar todas las formas de inteligencia, incluidas las relacionadas con el arte; en caso contrario, descuidaría parcelas fundamentales del potencial humano y frenaría el desarrollo cognitivo de los niños”. En este sentido, Gardner recomienda favorecer la afición de los niños por el arte en cualquiera de sus formas, no solo como un medio de expresión sino también como un modo de acercarse al mundo que los rodea.

«Puedo confirmar que el contacto con las diferentes enseñanzas artísticas y, en mi caso con las plásticas, tiene un papel muy importante en la formación y el anclaje de valores y en el desarrollo de una estable educación emocional de los niños. Prueba de ello fue mi experiencia con los alumnos, tanto pequeños como adultos, durante la pandemia.» (Marián Saco)

Alumnos de Mi Primera Obra de Arte trabajando la teoría del color con Henry Matisse Joan Miró durante la pandemia

Como conclusión, me gustaría insistir en que pintar, dibujar, tocar un instrumento musical, modelar, cantar… son actividades básicas para el desarrollo biológico, educativo y emocional de los niños. Pero son, además, una necesidad espiritual que se extiende hasta la etapa adulta. A través de ellas aprendemos a explorar el medio que nos rodea, adquirimos conciencia de nosotros mismos y de los demás, nos sentimos crecer en retos que nos proporcionan una amplia satisfacción personal y nos aíslan del mundanal ruido en el que nos envuelve nuestra, a veces agobiante y vertiginosa, rutina de vida.

«El Arte y su conocimiento es vida, es un símbolo de amor a nosotros mismos, a nuestra historia y a aquello y aquellos que nos rodean. El Arte es… sencillamente maravilloso«

Marián Saco. Docente y artista plástica.

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