Mamá, de mayor quiero “Ser”

Ayudémosles a crecer

A lo que vayas a dedicar tu vida cuando seas adulto, la marcará por completo. Este será, sin duda, uno de los aspectos que definan tu persona y aunque no el único, obviamente, si la tarea que empeñas ha sido elegida y la haces con ilusión y por vocación, si tiene un fundamento, será uno de los grandes pilares que guíen tu vida.

No en vano, ¿os acordáis cuando éramos pequeñitas y jugábamos entre nosotras? ¿Quién no precedía muchos de sus juegos con expresiones como: venga…imagina que soy… o: vamos a jugar a que somos…? Fijaros que oración más significativa, imagina que somos. ¿Qué significa ser para un niño? ¿Qué significa para un adulto?

Imagina que somos

Si nos adentramos en esas cabecitas que están creciendo, están en continuo aprendizaje del mundo que las rodea, imitan aquello que ven y que quieren ser, aquello que admiran; si somos capaces de observar, escuchar y abrir nuestros sentidos, nos daremos cuenta de todos los matices que de esos momentos se pueden extraer.

Hoy, la pedagogía incide en que, dependiendo de las capacidades de cada niño, podemos analizar cuáles de ellas están más desarrolladas y cómo estimularlas para elevarlas potencialmente y definir, en cierta medida, qué rama del conocimiento se ajusta más al perfil de dicho estudiante. Aún así nosotros, los papás y mamás, como primeros agentes educativos, tenemos la labor más fundamental: conocer el “Ser” de nuestros niños, aquello que tienen dentro, que los caracteriza como seres originales y ayudarlos a hacerlos crecer hasta convertirse en persona adultas, autónomas, felices emocionalmente y orgullosas de si mismas.

Primero está el ser, después el saber. La importancia de la transversalidad

Para aquellos papás y mamás que normalmente no usáis este termino de forma habitual en educación, os explicaré que transversal se refiere, literalmente, a algo que cruza de un lado a otro de forma perpendicular. Es decir, extrapolándolo a la educación de nuestros niños y para que podamos entenderlo mejor, se referiría a cómo se vinculan y se entrelazan el desarrollo intelectual, puramente académico, con otras habilidades emocionales como la autonomía, coherencia, capacidad de atención y de escucha, autocontrol, interés, curiosidad, responsabilidad personal y social, capacidad de reflexión, pasión, motivación, humildad, empatía, capacidad de expresarse, seguridad en si mismo y confianza en los demás y otras capacidades que considero vitales para la formación de un ser humano como persona pero que no son el foco principal de la educación convencional.

Antes, hace años, el sistema educativo sesgaba sin piedad el camino de muchos niños, algunos por tener alguna necesidad educativa especial mal diagnosticada y por tanto no tratada o, sencillamente, por no tener una buena capacidad para ciertas materias. Luego, con el paso de dichos años, hemos observado cómo estos «niños perdidos» se han desenvuelto fantásticamente bien como profesionales de ciertos ámbitos, han sido resolutivos y su vida personal y profesional ha sido buena y equilibrada. Pero en su momento, desgraciadamente, tuvieron que luchar psicológicamente y reponerse al estigma de la famosa y para mi odiosa expresión de “este niño es fracaso escolar”. Alumnos que se enfrentaban al trauma de una baja autoestima y un negativo concepto de si mismos. Algunos salieron adelante, otros no. Nada más emplear la palabra “fracaso” hablando de niños en plena etapa de desarrollo evolutivo me indigna y me parece una atrocidad. Hoy, siento deciros que, aunque en menor medida, sigue pasando.

La necesidad de “Ser”

Es importante que un niño se sienta ubicado desde pequeñito para desarrollar su identidad, para ello es vital que entienda que los seres humanos vivimos en comunidad y que le ayudemos a no sentirse a si mismo como un ser sobre el que gira su propio y único mundo, si no como alguien que, junto a todo y a todos los que le rodean, hacen que este maravilloso mundo que es su hogar gire. Está será la clave para que se sienta parte de algo que se construye continuamente y dónde el ocupa un lugar importante.

Debemos entender, y esto es difícil para nosotros, los padres, que no podemos inculcarles que ellos son el ser importante, el único, sobre el que condicionamos toda nuestra existencia. Todos somos importantes en el grupo, llamémosle familia, clase, equipo y también lo es la función que cada uno realizamos dentro de él, aquello que él o ella pueden llegar a hacer por la sociedad y el mundo que los rodea. Ahí es donde comenzarán a sentirse parte fundamental y útil de esta ecuación donde intervienen multitud de variables y que llamamos vida. Es lo que les hará ser felices y les ayudará a encontrar un sentido a la suya.

Si seguimos en esta vorágine de no dedicar tiempo a hablar con nuestros hijos, a no conocer qué sienten, qué quieren, a darles la razón por todo y en todo por no llevarles la contraria y que no nos compliquen aún más el día, a no ordenar sus ideas, a no guiar su camino, a enseñarles que no tienen porqué luchar por nada porque nosotros lucharemos para que todo les venga hecho y suplimos esos momentos tan fundamentales con un asistente virtual, se perderá una oportunidad muy valiosa de enseñar a los niños a construir una sociedad mejor y a ocupar su lugar en ella.

El peligro de la insulsa adolescencia

Cuando un niño crece sin sacarle sabor a la vida será un adulto que no quiera comérsela porque, simplemente, no le sabrá a nada. Y a este problema nos enfrentamos cada vez más. Adolescentes que terminan su etapa educativa y cuyo única ambición de vida es estar conectado a las redes sociales. No están motivados, no saben qué estudiar ni a qué dedicarán su vida, nada les ilusiona. No conocen buenas y famosas películas, no han ido a ver una exposición ni una obra de teatro, no han visto nunca las noticias en casa a medio día como hacíamos nosotros cuando éramos pequeños. Se veía lo que papá y mamá consideraban. No saben lo que pasa en el mundo a su alrededor, no tienen experiencias familiares o no quieren tenerlas, no valoran el esfuerzo de sus padres, y no es su responsabilidad, es lo que ellos perciben. Los tenemos confundidos, nos gastamos en una Play Station la cantidad suficiente para solventar las necesidades de cualquier familia durante un mes entero, y no hablemos de lo que aprenden de las redes sociales y los canales como YouTube. Eso daría para otro artículo, y lo malo es que es mucho más frecuente de lo que creemos.

Si no conocen no sabrán que hay millones de alternativas

Muchos de nosotros hemos tenido la fortuna de saber a qué nos dedicaríamos cuando fuéramos mayores, o al menos a qué nos hubiera gustado. Luego está la maravillosa capacidad de resiliencia del ser humano de adaptarse a cualquier situación y extraer de ella lo positivo para sostenerla en el tiempo y que nos aporte como personas y profesionales en caso de no estar donde nos gustaría estar. Pero, ¿por qué no enseñarles a ellos que pueden conseguir cosas preciosas? Si es importante todo lo que, hasta ahora, os he relatado, más lo es aún enfatizar en todo esto en la etapa adolescente.

Hacerlos participes de situaciones que comprometen la estabilidad y tranquilidad que ellos han vivido desde pequeños, ese mundo seguro que les hemos mostrado y que deben saber que luchamos cada día por mantenerlo. Darles un lugar en la toma de ciertas decisiones que marcarán su futuro y acompañarlos soltando la cuerda a que exploren situaciones difíciles.

Javi, mi hijo, y mi sobrino Rafa, estuvieron presentes durante toda la enfermedad de mi padre, ayudaron a cuidar de él y a levantarlo cada vez que se caía. Cada uno lo vivió de una forma muy distinta, Javi, más reflexivo, en silencio, desde su retrospección; Rafa, poniéndole música en el oído, hablando con él y toreando a su vera para que mi padre sonriera. Ambos lo lloraron, ambos quisieron llevarlo a hombros.

No tiene que ser una enfermedad, puede ser una vicisitud económica o una dificultad laboral. Es bueno que ellos sepan que la vida a veces se torna seria, y se tornará, y que lo importante es que todos tus pilares estén equilibrados: fe, familia, amigos, trabajo, ilusiones, hobbies… por si algún día alguno de ellos tiembla que nuestra vida pueda sustentarse en todos los demás.

Es triste ver que hay padres que tienen a sus hijos en una burbuja, niños que nunca han experimentado la dificultad de sobreponerse a una frustración y que si no soportan un no de sus padres, qué será de ellos cuando el no se lo de la vida. ¿Qué alternativas tendrán?

La vida en familia, abrir sus ojos a la realidad y demostrarle que la mayor felicidad la encontrarán no en sí mismos si no en la entrega a los demás será la clave.

Por ejemplo el caso de María, una emergencia de amor

Este es el caso de María Guinot, la enfermera de emergencias que, la pasada semana, ayudó a una niña de cuatro años a salvar la vida de su madre y que, día tras día, dedica su vida a atender emergencias “in situ” y tras un teléfono. Hoy ha puesto en “stand by” el auricular del 112 para contarnos cómo, desde chiquita, tenía claro que quería dedicar su vida a ayudar a los demás.

Para María fue más sencillo que para otros adolescentes. “Desde muy pequeñita supe que quería ser enfermera. Mi madre siempre me ha contado que, ya entonces, dibujaba muñequitas con traje de enfermera y una vitrina de cristal blanca llena de todo lo que yo creía que debía tener una enfermera bien preparada”.

Según avanza nos cuenta que ya en bachiller quería lucha por entrar en enfermería, y que cuando lo consiguió fue para ella uno de los momentos más emocionante de su vida. “Desde mis primeras clases en enfermería tuve claro que mi propósito era luchar por conseguir el título de TSM, Transporte Sanitario Medicalizado, tras lo que se formó con el Máster de cuidados de enfermería especializado en urgencias, emergencias y catástrofes”, lo que le dio capacitación para ser enfermera del SAMU en la Comunidad Valenciana. Su periplo profesional la ha llevado además a trabajar en la UCI de adultos y neo-natos (Unidad de Críticos) y en Urgencias del Hospital General de Castellón.

La heroína de todo esto es, al final, una niña de tan solo cuatro años”

El pasado día 6 de septiembre, María percibía tras el auricular del teléfono de emergencias 112 donde trabaja, la voz de una niña “muy pequeña”. Estaba alterada y decía que su mamá no se movía. Lo que sucedió después es por muchos conocido ya que nuestra sanitaria ha pasado de trabajar en el importante y, a veces necesario anonimato social, a ser el rostro e incluso la protagonista de la noticia de portada de todos los medios escritos e informativos audiovisuales de nuestro país.

Revuelo mediático

Cuando le pregunto acerca de por qué cree que ha tenido tanto revuelo mediático la noticia, María nos aclara que “porque, simplemente, se trata de una niña de cuatro años, edad en la que todavía no esperas que tengan esa capacidad resolutiva y sobre todo esa entereza para pensar y actuar. Ha sido capaz de tener la suficiente educación sanitaria para saber dónde tenía que llamar y cuál era la dirección de su casa”. María habla de educación necesaria y temprana en cuestiones relacionada con la salud, “si ella no hubiera estado educada en estas cuestiones, nosotros jamás podríamos haber llegado al lugar y, mucho menos, a tiempo. Saber dónde llamar, qué decir, e incluso si somos más mayores, aprender a realizar cierta asistencia de primeros auxilios, es de gran ayuda para el equipo médico que va a atender la emergencia”.

Para María cuya labor es 50 % atención en emergencias en calle con el SAMU y 50% en coordinación, “nadie quiere estar enfermo pero, por supuesto, menos aún, cuando estamos hablando de un riesgo vital, por ello, para el profesional sanitario de urgencias es vital tener una experiencia formada, curtida y cercana”. Su labor es “acudir al lugar donde se solicite desde el centro de coordinación y en el mismo centro, recabar información sobre la urgencia que acaba de acontecer, informar de la situación, hacer seguimiento del paciente o familiares que están al otro lado en caso de riesgo extremo e ir guiándoles en los pasos que deben seguir e informar a los hospitales de sintomatología, antecedentes y patologías clínicas de la persona”.

La formación ha capacitado a María para llevar a cabo su trabajo de forma correcta pero, sin duda, lo que la hace una enfermera tan especial es su persona, la forma que ella tiene de entender lo qué hace y para qué lo hace, la motivación que le genera saber que está haciendo algo, no solo para si misma si no por los demás, las experiencias que ha ido acumulando durante su vida y que le han enriquecido como persona y que luego ha aplicado al ámbito profesional.

Una mala persona no llegará nunca a ser un buen profesional” Hagamos de nuestros hijos buenas personas

Ya lo decía Howard Gardner “ Una mala persona no llegará nunca a ser un buen profesional”, pero yo voy más allá. No cataloguemos entre buenas y malas personas ya que estamos hablando de niños y adolescentes, ciñámonos a “una persona vacía de experiencias, de una guía de vida ordenada, nunca será una persona feliz y por tanto tampoco será bueno en muchas otras facetas de su vida”.

María ha crecido en el seno de una familia para la que el servicio a los demás y la vida en familia es una filosofía de vida. Ya de pequeña tuvo la posibilidad de cuidar a sus sobrinas mucho más pequeñas que ella. Sus padres, Angelines e Hipólito, la han enseñado a participar de todo lo que la vida le puede ofrecer y su abuelo Hipólito, su referente, la llevó siempre de su mano hasta su último suspiro. Para ella, momentos como recoger naranjas del huerto, una paella en familia, unas monas con sus sobrinos y su abuela Isabel, las migas de su abuela Dolores y su infancia de campo en campo de fútbol, primero tras su tío Miguel y luego con su hermano David, ambos jugadores del Villarreal, son las experiencias que más especial hacen a una persona que se dedica, junto a su equipo, a salvar vidas. Y en su pueblo, Almassora, ha crecido rodeada de personas que han compartido con ella momentos inolvidables. María ha aprendido a “Ser”.

“¿Que por qué lucho cada día? Lucho por ser mejor persona, mejor hermana, mejor nieta, mejor hija, mejor tía y mejor de todo… no se trata de ser perfecta. Todos tenemos la opción de mejorar.

«Momentos difíciles tenemos todos, como el día que pierdes a un paciente. Nunca se olvidan”

La casualidad quiso que María estuviera de guardia el día que llamaron a emergencias pidiendo ayuda desde la Calle San Ildefonso en Almassora, Castellón. Su corazón dio un vuelco cuando supo que debía atender a un familiar y su mundo definitivamente se derrumbó cuando vio que no podían sacarlo adelante. Era su abuelo Miguel. “Mi pilar siempre ha sido y será la entrega. Si tienes claro cuál es tu papel en esta vida. Siempre lucharé por todo aquello que me haga feliz, pese a las veces que me tenga que levantar del suelo y eso pasa por saber donde está mi sitio y cuál es mi misión en la vida.

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