Respetaremos sus acciones, no sus palabras. Por Laura,si, tú también la conocías.

Hoy es un día muy triste.He amanecido con la misma sensación de desolación con la que caí dormida ayer noche. Y no, no soy una persona inestable psicológicamente, como pude leer anoche de algunos que, refiriéndose a la barbarie del asesinato de Laura Luelmo decían, «bueno esas cosas han pasado siempre, gente mala hay en todas partes, no te lo puedes tomar así, hay que ser más fuerte, si no la conocías». PUES SI, si la conocía.

Conocía la ilusión y la fuerza que te da tener 26 años, como ella; el deseo enorme de cumplir unos sueños llenos de la ambición mágica que te da la edad; conocía la sensación de ser maestra y llegar por primera vez a un colegio, con los ojos brillantes, cargada de ganas porque vas a hacer una nueva sustitución, vas a conocer nuevos compañeros, a tus alumnos y quizás, eso te ayude a encontrar tu sitio profesionalmente y a poder cumplir tus sueños como casarte y formar tu propia familia junto a la persona que amas. Experiencias de vida que Laura ya no podrá tener, se las han arrebatado como lo han hecho con sus 26 años y el resto de su vida.
¿Que no la conocíamos? LAURA está en cada una de nosotras, nuestra piel, nuestra sangre y nuestra alma son como las de ella, al igual que las de sus seres queridos, porque también conocemos a su madre y a su padre perfectamente. Conocemos la sensación de desear un hijo, de amarlo durante los nueve meses de embarazo, de darle la vida, cuidarlo y tratarlo como la joya más valiosa que nunca jamás has podido imaginar tener, el sentimiento infinito e inagotable de adorarlo y acariciarlo porque es el ser más tierno que ha existido y existirá para ti. Conocemos la impresión de sentirte pensándolo en cada momento y la de soñar para él un futuro de felicidad y salud.

Pero también conocemos las pesadillas, aquellas que te hacen estremecer y enfermar si en ellas algo malo les ocurre, las que te conmocionan y te sacuden en la noche. Conocemos su llanto (y el tuyo) su primer día de guardería, sus pequeñas manías cuando empieza a formar su carácter como personita, conoces sus piececitos y sus manos, sus ojos y su nariz  tanto que serías capaz de dibujarlos, y la razón se traduce en las millones de veces que te has pasado mirándolo fijamente y pensando interminablemente que nada malo le ocurra jamás y que ningunas manos sean capaz de siquiera rozarlo nunca si no es para algo bueno.

Unas pesadillas que se han convertido en la realidad más desgarradora para una familia más, esta vez la de Laura Luelmo.

Conozco a su novio, porque conozco la ilusión de tener al lado a la persona a la que amas, de tus primeros mensajes y recuerdos, la sensación de querer tenerla siempre cerca porque ella tiene la forma de todo tu cariño y deseo: su sonrisa, su forma de hablar, de mirarte, su olor, su piel. Con la que sueñas una vida.
Conozco a sus amigos , porque conozco la sensación de tenerlos al lado, de disfrutar días y noches de fiestas y celebraciones, de reír y soñar juntos, de agradecer que estén presentes en los momentos importantes de tu vida ya sean buenos o malos.

Así que si, si la conocía, muy bien, porque cada una de nosotras somos Laura, su madre, sus hermanos y amigos y sus compañeros.

Mucho se habla cuando algo así ocurre de las necesidades en materia penal que existen en nuestro país, tanto tanto se habla, que es lo único que se hace.

Muchos años han pasado ya de Sonia Carabantes  Rocío Wanninkhof, Sandra Palo, Diana Quer  y siguen pasando. En la mayoría de los casos, estos crímenes han sido cometidos por personas reincidentes, (iba a escribir animales para nombrarlos, pero no se merecen esa categoría. NUNCA un animal mataría por placer y con esa sangre fría ).

Hablen con las personas entendidas en la materia: los psiquiatras y psicólogos de las prisiones, aquellos que tratan a estas personas cuando están recluida cumpliendo sus penas. Todos les dirán que un asesino NO SE REINSERTA. Una vez que ha cruzado la línea buscando satisfacer el más incontrolable de sus impulsos,  lo volverá a hacer y lo hará siempre,  si no es porque el motivo del homicidio, que no asesinato, ha sido otro y en ese caso habría que revisar muchísimo.

Nuestras cárceles apenas sobreviven con un par de especialistas  que, a duras penas, pueden llevar la gran carga de trabajo y a menudo no disponen de los recursos o apoyos necesarios para tratar a estas personas de forma exhaustiva. Y aún así, se dejan el alma, y saben, porque ellos estoy segura de que lo saben, o lo intuyen como buenos profesionales que son, que aquel que sale, a menudo no está rehabilitado.

Tony Alexander King, fue condenado a 10 años de cárcel en Inglaterra por distintas agresiones sexuales cuando solo contaba con 19 años. No sabemos por qué ni cómo estaba en España campando a sus anchas y viviendo la vida cuando sesgó la vida de dos chicas. Primero la de Rocio Wanninkof y tras esta, la de la también muy joven Sonia Carabantes. Posteriores investigaciones policiales descubrieron que tenía historial delictivo en el Reino Unido donde su nombre original era Tony Alexander Bromwich.

¿Cuántos más casos tienen que suceder para que se deje de hablar tanto y se sienten a trabajar? No nos digan que se está trabajando en ello, si es así, no hagan que dudemos de su trabajo.

Muy a mi pesar, como periodista, docente y como mi modo de expresión que son, pienso de las palabras que hace mucho que perdieron su valor. Ahora señores y señoras, vivimos en un mundo de acciones, donde pocas cosas nos sorprenden, desgraciadamente, y muchas menos nos convencen. ¿Quieren que les respetemos? Respetaremos sus acciones,  no sus palabras.

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