Vivimos demasiado de prisa
Acelerados en el trabajo, en casa, en la crianza de nuestros hijos, en la forma en la que nos comunicamos y hasta en la manera que descansamos. Me preocupa esta tendencia a llenar cada minuto de actividad, de estímulos, de ruido. Hemos confundido estar ocupados con estar vivos cuando es precisamente lo contrario lo que nos conecta con nuestro yo interior. En esta carrera constante estamos perdiendo la noción de algo esencial: el «aquí» y el «este momento» dónde y cuándo conectamos con la realidad de la vida y con aquello que nos hace humanos.
¿Es que acaso nos da miedo enfrentarnos a esta realidad? A la de reconocer que somos humanos. ¿Nos asusta parar? Esta alerta constante ha generado en nosotros una desconexión con nuestro yo, un espacio vacío y ya sabemos de sobra que la distancia hace el olvido. Nos incomoda la sensación de estar un rato con nosotros mismos como nos incomodaría estar sentados frente a alguien a quien no ves desde hace un tiempo y con quien se te ha olvidado de qué hablar y si el uno con el otro tenéis algo en común. Para más «Inri» en un momento de lucidez puede recordarte algo que no te gustaría escuchar ni sentir.

Cuando dejamos de sentir
Hemos llegado hasta aquí gracias a nuestros sentidos: observar, respirar, oler, degustar, tocar, escuchar, están ahí para recordarnos que estamos vivos. Sin embargo, cada vez los usamos menos. Comemos sin saborear, respiramos sin darnos cuenta, miramos sin ver y, a menudo, oímos por tres o cuatro canales distintos cuando solo tenemos uno, lo que vuelve loco a nuestro cerebro, (se llama contaminación acústica, o intoxicación diría yo. Intentamos prestar atención a un audio, mientras tratamos de seguir atentos a lo que tenemos delante y estamos pendientes del ordenador mientras escuchamos de fondo el sonido de la Tablet de nuestro hijo y la tele por otro lado, atendemos sus demandas e intentamos poner en orden todo lo que nos queda por hacer hoy y los días siguientes. El ruido interno también nos afecta) Es una LOCURA.
Lo que aprenden nuestros hijos cuando nunca paramos
Los niños no aprenden de lo que decimos si no de lo que hacemos. Imitan por instinto y muchas de las actitudes que desarrollan no son genéticas, son adquiridas. Es decir, tu hijo o hija no hace eso igual que tú porque lleve tu sangre, lo hace porque te observa desde que nació.
Si nos ven siempre con prisas, con el móvil en la mano, sin espacio para el silencio o la contemplación, si nos dejamos llevar por la inercia de los malos modos, de la ausencia de tiempo para dar un beso o las buenas noches, si no nos ven con un libro en la mano, o disfrutando en familia de un paseo o una buena película, si arrancamos de nuestro día a día cosas esenciales porque no hay tiempo para ellas, si tiramos de su mano cuando intentan enseñarnos el arcoíris porque llevamos prisa, o respondemos con un «venga, no te pares» cuando intentan comunicarse con nosotros, interpretarán que eso es la vida.

Una vida sin pausa que genera adultos con dificultad para:
- Escuchar su cuerpo
- Reconocer sus emociones
- Gestionar la frustración
- Controlar sus impulsos
- Planificar y ejecutar tareas sencillas y complejas
- Analizar situaciones desde la calma sin dramatizar
- Tener relaciones sociales saludables
- Empatizar con sus iguales
- Desarrollar la creatividad
- Entender la importancia de la generosidad y el agradecimiento
- Medirse y superarse a sí mismos
- Ser resilientes y adaptativos a los cambios
- Encontrar sentido a su vida
He notado la angustia de muchos papás de adolescentes cuando me dicen: Marián, no se por qué es así, pasa de todo, no le interesa nada, no sabe que quiere estudiar, le hablas y parece que hablas con la pared, le da igual si hace frío o calor. Está metido en su mundo con su móvil.
¡Bienvenidos al mundo de la desconexión del «Ser»! La aceleración constante no solo nos agota, nos deshumaniza y ahora, en este punto, es más duro porque como siempre os digo, eliminar un hábito es mucho más difícil que enseñarlo correctamente desde edad temprana. Es cuando nuestra corteza cerebral está en pleno desarrollo cuando tenemos que alimentarla.
Parar no es perder el tiempo es ordenar
Orden, paciencia, tiempo. Que palabras más bonitas.
Todo ocurre cuando hay orden, paciencia y tiempo.
Las ideas maduran en silencio. La intuición aparece cuando dejamos de forzar. El crecimiento emocional y físico necesita pausa, si no por qué dormimos. Parar no es hacer menos, es hacer mejor.
Cuantas veces he escuchado las frases de: es que venimos a este mundo sin libro de instrucciones; es que nadie nos enseña a ser padres; si tuviéramos la receta…
¡ Aquí la tienes! No hay más
La vida es vida desde hace millones de años. Esto no es nuevo, no queramos venir ahora a inventar aquello que siempre ha dado resultado. O ¿por qué hemos evolucionado si no de esta forma tan increíble? Pues, porque el ser humano siempre ha sabido hacer las cosas, no todo ha sido malo ni en vano. El cerebro humano necesita esquemas claros y ordenados, tranquilidad para analizar las situaciones y tiempo para llevar a cabo el aprendizaje para desarrollar nuestro potencial y vivir una vida productiva y con sentido y como consecuencia feliz emocionalmente.
El Arte como camino de regreso
Quizás no podamos frenar el mundo, pero si podemos crear espacios y momentos en los que el tiempo quede suspendido entre motas de color, sonrisas e ilusiones que iluminen nuestra calma y nos devuelvan lo que la prisa nos roba.
El Arte, por naturaleza, es un acto humano lento, implica imaginar, observar, analizar, escuchar, buscar, tomar consciencia, tocar, equivocarse sin miedo, esperar, fluir, sentir. El Arte no busca resultados, busca presencia. Por ello es una de las herramientas más poderosas que existen para reeducarnos a dedicarnos tiempo para reencontrarnos y recuperarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones de amistad y familia.

Y aunque las posibilidades son infinitas, desde Mi Primera Obra de Arte, os proponemos algunas actividades muy interesantes y fáciles de hacer. No se trata de hacer grandes cosas, si no de crear pequeños rituales conscientes que se convertirán en grandes mejoras con las que podríamos empezar a darle forma a nuestra nueva vida y la de nuestros niños.
🔹Se acabo sentirse culpable por olvidar. Somos humanos y nuestra mente tiene limitaciones. Planificar los domingos por la tarde nuestra semana en una agenda, aunque sean pequeñitos, esto les encanta. Nos ayudará a nosotros y a ellos. Enseñarles desde la infancia la importancia de «descargar» y ordenar nuestros horarios en una agenda para no responsabilizar a nuestro cerebro cuando algo se nos olvide. Llevamos demasiadas cosas en la cabeza y esto nos permite tenerlo todo controlado sin necesidad de una energía extraordinaria. En esta agenda podremos poner los horarios del cole, de deportes, clases de Arte, visita a la peluquería, acontecimientos sociales, además de todas sus obligaciones escolares como tareas, trabajos y exámenes y sus planes del fin de semana.
🔷Salir a caminar de vez en cuando sin prisa y sin rumbo. Pasear por pasear. No ir sumido en nuestros pensamientos, detenerse con ellos a hablar de lo que vemos, observar hojas, sombras, olores, colores, piedras, el tiempo y comentarlo juntos.
🔷Compartir momentos de lectura, dejar el móvil a un lado un rato, ver una serie en familia o un documental de Arte en Youtube. Dejar que lo escojan ellos de vez en cuando pero hacerles entender que, a veces, también deberán compartir nuestras preferencias. Es importante que sean conscientes que todos somos importantes y tenemos nuestras necesidades y también queremos que las compartan con nosotros.

🔷Dibujar sin objetivo. Sentarnos juntos en familia para realizar cada uno la actividad que le guste. Dibujar, leer, escribir, pensar… Dibujar libremente sin condicionantes es una actividad muy relajante, si además se realiza con música nos envuelve en una atmósfera muy placentera. (En la escuela, a veces, nos sorprenden bailando al ritmo de la música o tarareando mientras pintan. Es un momento muy entrañable)
🔷Escribir. Crear a través de la palabra es una de las actividades más importantes para nuestro desarrollo cognitivo y que desgraciadamente la tenemos muy olvidada. Tiene infinitos beneficios. Preparar un momento a la semana en la que ambos escribáis algo interesante para que el otro lo lea es una actividad muy beneficiosa además de muy divertida para ellos.

🔷Modelar con barro o plastilina. Pedirles que dibujen una forma cualquiera, este paso previo es muy importante. Luego invitarles a realizarla con barro o pasta de secado al aire. Conectar con el tacto, con la tierra, sentir su temperatura y su textura. El barro nos obliga a ir despacio y nos permite crear una forma de aquello que habían imaginado.
🔷Crear un pastel y decorarlo. No es necesario que sea una fecha señalada para poder cocinar con nuestros niños. Actividades como cortar, pelar, remover, son esenciales para la psicomotricidad además de muy divertidas para ellos y para los adultos. No es necesario que lo hagan perfecto. A menudo nos estresamos por el resultado, eso no es importante, su cerebro está trabajando en mejorar, eso no se hace de un día para otro. Es igual que cuando hacen su cama, lo importante no es que la hagan bien si no que la hagan. El Arte se extiende a todas las facetas cotidianas de nuestra vida, también a la culinaria. ¿Quién sabe si tenemos un pequeño gran chef entre nosotros?
🔷Nuestro pequeño jardín. Pedirles que pinten una flor que les guste. La mayor parte de las veces, las flores que pintan los niños son fácilmente identificables con el chat GPT. Intentar comprarla. Plantarla con ellos y ayudarles a cuidarla. Le han dado forma real a un pensamiento previo, esta etapa de análisis previo y bocetaje es importante de forma transversal en todas las áreas de nuestra vida, también en la artística. Nos ayuda a evaluar de dónde partimos y a dónde queremos llegar.
