La Educación artística como promotora de valores y resistencia cultural: salud cognitiva y emocional, lenguaje y comunidad.

Vivimos en la cultura de la inmediatez. Todo sucede muy rápido: la información, las imágenes, los problemas, las soluciones. ¡Vivimos demasiado rápido! Quizás no hayamos reparado en ello, pero en la infancia hace eco involuntario este entorno de estímulo constante y poco espacio para la pausa: sobreestimulación, productividad constante, pantallas, actualizaciones… cuando aún nuestro cerebro no ha descodificado del todo, ha reconocido y ha anclado patrones, «actualizamos». Qué sin sentido pedagógico.

En este contexto, enseñar Arte a un niño- de verdad- es un acto de resistencia que aboga por devolver a la infancia el tiempo necesario para sentir, crear y pertenecer.

La lentitud como proceso pedagógico

«La lentitud no es hacer menos, es hacer mejor«

La pintura, la cerámica, la escultura… obligan a esperar, entender y escuchar el proceso, aceptar el error, reflexionar, conocer, expresar. Conceden a los más pequeños el espacio que su pequeño cerebro necesita para conectar y llevar a cabo el verdadero proceso de aprendizaje que no es otro que entender, interiorizar y asentar, algo que necesita tiempo y que la sociedad de hoy les está robando. La productividad y la optimización del tiempo se han convertido en valores centrales, no solo en el ámbito económico, también en el educativo. Por ello, la infancia no ha quedado al margen de esta «lógica»: agendas saturadas, evaluaciones constantes, medición del rendimiento… y lo peor viene cuando algún niño se suelta de la espiral continua de movimiento o demanda ir por otro camino, entonces los juicios, como no podrían ser de otra forma son… ya lo habrán imaginado, rápidos: «su hijo padece posiblemente un trastorno por déficit de atención con probable hiperactividad, además no sencilla, si no combinada…» y así podríamos seguir.

Hago aquí una parada para añadir un apunte importante. Como maestra, no resto un ápice de importancia al diagnóstico «correcto» del TDAH o de la hiperactividad, cuyo conocimiento ha hecho posible que niños a los que antes se les «tachaba» de fracaso escolar, ahora con el entrenamiento, las pautas y, si lo precisan, la medicación adecuada, son alumnos que adquieren una madurez cognitiva optima y un desarrollo evolutivo potencialmente positivo emocional, conductual y académico y que tienen una vida saludable personal y profesional.

Volviendo a la «lentitud», el movimiento «slow», popularizado por Carl Honoré en «El elogio de la lentitud» (os lo recomiendo muchísimo), propone una recuperación del ritmo adecuado. Honoré sostiene que la lentitud no implica ineficiencia si no profundidad y sentido para hacer sobre cimientos sólidos. Aspectos que en algunos ámbitos de nuestra vida son indispensables por las consecuencias graves de sacrificarlos, por ejemplo, no querríamos ser operados por un cirujano impaciente, o vivir en una casa cuyo arquitecto no se ha tomado el tiempo necesario para calcular correctamente una estructura, una revisión incorrecta en un avión o de una vía de tren o una mamá cuyo bebé nazca en seis meses en lugar de nueve. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?

Entonces ¿Dónde y cómo se educa la paciencia?

La paciencia se construye fortaleciendo la conexión entre varias áreas del cerebro (la corteza prefrontal, el sistema límbico que regula las emociones y nuestros circuitos de recompensas promovidos por las hormonas como, por ejemplo, la dopamina) cuyo entrenamiento durante la infancia y hasta más o menos los 20-25 años es fundamental para regular la capacidad de planificar, controlar impulsos, sostener un proceso, tolerar la frustración mientras se posterga la gratificación y entender que los resultados inmediatos no son seguros en casi nada en la vida.

Trasladado al ámbito artístico, el desarrollo de las capacidades artísticas favorece la maduración de los circuitos cerebrales implicados en la auto regulación. Al sostener procesos lentos y tolerar la frustración creativa, el niño fortalece la conexión entre emoción y pensamiento, base neurobiológica de la paciencia.

Antes de pintar hay que imaginar, pensar en la composición, bocetar, encajar, realizar una paleta de colores; el barro necesita secar; el esmalte, reposar; el tercer fuego, dos cocciones anteriores. El Arte, como la vida, impone un ritmo que no puede violentarse «sin fractura».

Así, el proceso artístico introduce una pedagogía del tiempo que enseña a esperar, a observar, a focalizar la atención, a sostener la incertidumbre y esto los prepara para soportar la propia cuando sea necesario a lo largo de la vida.

Frente a la dispersión digital, el acto de crear, ya sea en la pintura, la escultura, la música, la escritura exige abstracción y concentración sostenida, escucha mental y corporal y conciencia en nuestros actos.

El Arte no es tan sólo un lenguaje si no una forma de pensamiento

Una vez que conseguimos que el proceso de aprendizaje haya cogido en ritmo y la forma adecuados comienza un proceso que resulta infinito y exponencial y que abarca todas las áreas del desarrollo humano.

La educación artística no solo promueve el desarrollo de habilidades técnicas; es, sobre todo, una escuela de valores: de respeto por la diversidad, escucha activa, empatía, tolerancia a la frustración, trabajo de la autoestima y seguridad en sí mismos, capacidad de crítica constructiva, abstracción, relativización… que emergen de manera natural en el niño cuando se trabaja desde el Arte.

Como señalaba Loris Malaguzzi, padre del modelo educativo Reggio Emilia, el niño tiene cien lenguajes con los que se expresa, pero, desgraciadamente, algunos modelos educativos se encargan de dinamitar 99 de ellos. La expresión plástica (el dibujo, el modelado, el movimiento, el color), verbal, escrita, corporal, simbólica…nos recuerdan que el ser humano no se expresa tan sólo con la palabra. La educación artística valida estas cien formas de expresión, especialmente en la infancia pero también en la adolescencia y la edad adulta. Al hacerlo, reconoce y legitima que cada persona piensa, siente y comunica de manera distinta.

Trabajar desde esta pluralidad de lenguajes es un acto profundamente inclusivo. Ayuda a crecer a aquellos que encajan pero también a los que no lo hacen en el modelo educativo tradicional y propone un lugar desde el que expresarse, fortaleciendo su autoestima y su vínculo con el aprendizaje. De esto tengo muchas experiencias positivas con las que avalo esta idea en el terreno personal y profesional.

El Arte como proceso relacional

Más allá del individuo, la educación artística tiene un enorme potencial para construir comunidad. Además de favorecer el desarrollo cognitivo de forma correcta y promover la educación en valores, el Arte defiende que el aprendizaje no tiene criterio si el conocimiento no se construye desde el diálogo con otros. El taller, el aula o el espacio creativo funcionan como un microcosmos social donde se aprende a convivir, a compartir, a cuidar y respetar y a celebrar la diversidad.

Crear juntos genera vínculos que se convertirán en el germen del futuro trabajo en equipo. Todo deja de ser propio para entender que si nuestro relato no es compartido no cobra sentido. Los artistas necesitamos comunicar y compartir aquello que creamos, debe tener un fin, una motivación, un significado. El Arte promueve conciencias propias y ajenas, actúa como un lenguaje común que crea historia compartida, une generaciones, culturas y sensibilidades diversas.

Por ello, defiendo la idea de que en un mundo, cada vez más fragmentado, la educación artística se revela como una forma de resistencia cultural: preserva nuestra memoria, transmite saberes y valores y nos abre a experiencias colectivas, nos recuerda de dónde venimos y a dónde estamos llamados a llegar.

Marián Saco De Larriva

Maestra en Educación Primaria y Lengua Extranjera

Artista plástica

Fundadora del proyecto «Mi Primera Obra de Arte»

@saccoestudiodearte

La hiperactividad infantil y el Arte: cuando crear ayuda a ordenar el mundo interior

Hablar de hiperactividad en la infancia es hablar de diversidad. Durante mucho tiempo no se supo cuál era la razón por la que algunos niños movían su cabeza de forma distinta. Se entendía la hiperactividad tan sólo desde la dificultad, el exceso, la ansiedad o el problema, pero… de repente TODO CAMBIÓ, y lo hizo para bien, para dar una oportunidad o miles a un cerebro del que cada vez sabemos más y mejor que no es «defectuoso» si no que funciona de forma diferente y que trabajado como corresponde, tiene posibilidades infinitas.

Buenas noticias que venían a demostrarnos que existen entrenamientos respetuosos y muy eficaces que realizados de forma correcta nos permiten acompañar a estos niños y ser testigos de un asombroso desarrollo madurativo. Una de las estimulaciones más potentes en este sentido es gracias al ARTE.

¿Qué es la hiperactividad?

La hiperactividad, de forma muy resumida, es un trastorno madurativo del neurodesarrollo que afecta al lóbulo fronto-temporal del cerebro responsable de la planificación y ejecución de tareas, el autocontrol de impulsos y, en muchas ocasiones, el control de la atención, de ahí que, a veces, se relacione con el TDAH, (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) . Suele manifestarse en la infancia, aunque muchas personas no son conscientes de ello hasta edades más avanzadas como primeros cursos de secundaria o incluso edades adultas. Otra de las buenas noticias es que, aun en esta etapa, la hiperactividad se puede trabajar y dar lugar a estados personales, emocionales y profesionales tremendamente satisfactorios ya que no está aparejado a un trastorno cognitivo, de hecho, niños con altas capacidades también pueden padecer trastorno por hiperactividad sencilla o combinada, ya que no implica menos capacidad de aprendizaje si no otra forma de procesar la información.

Moverse en exceso no tiene nada que ver con ser hiperactivo

Cuantas veces he escuchado a mamás o papás decir la frase de: «no para quieto, yo tengo mis sospechas de que mi hijo es hiperactivo». No y cien mil veces no.

He querido empezar con esta explicación porque la considero muy necesaria para no etiquetar erróneamente a niños, y escribo esto porque a menudo y desgraciadamente, es etiquetar lo que hacen en algunos centros y no es diagnosticar, que sería lo importante, para ofrecer la oportunidad de acompañar de forma adecuada a quienes realmente lo necesitan.

Un niño que se mueve en exceso no es hiperactivo, tiene la hiperkinesia típica, no anormal, de los niños sanos que derrochan energía. Es decir, una elevada necesidad de movimiento propia de esta etapa infantil. Son niños que corren, saltan, exploran, descargan de forma natural, niños que, en algunas ocasiones, no reconocen aún el concepto de límite o peligro incluso, por lo que no saben cuándo o cómo parar hasta que nosotros, los adultos, les acompañamos (y es muy necesario) en el aprendizaje de la auto regulación.

La hiperactividad, en cambio, no es un estado físico, aunque a veces conlleve sintomatología física aparejada, es un estado mental y neurológico. Los síntomas comienzan en el interior, en el autocontrol de los impulsos, la focalización del pensamiento, la captación ordenada de la atención y aunque también suelen manifestarse síntomas físicos como inquietud y exceso de movimiento constante, su origen no está en el cuerpo, suele ser una descarga ansiosa de no reconocimiento temprano de sí mismos. Por esto mismo, un niño puede estar perfectamente sentado y seguir manteniendo pensamientos acelerados, dificultad para concentrarse o sensación interna de desorden.

Mami, papi, profe ¿Qué ocurre en mi interior?

Desde la neurociencia sabemos que en el cerebro de un niño o un adulto hiperactivo:

  1. Hay menos actividad en las áreas prefrontales, responsables de la planificación, la atención y el autocontrol.
  2. Existe una regulación distinta de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con la motivación, el placer y la atención.
  3. El cerebro busca estímulos constantes para mantenerse en un estado permanente de excitabilidad. Por eso muchos niños hiperactivos (no todos) necesitan tocar, crear o experimentar.
  4. Y aquí viene el verdadero problema y mi verdadera reivindicación. Tienen dificultad en clase sobre todo si los maestros no están preparados o no tienen experiencia con niños hiperactivos: castigos constantes porque, según el profesor, no atiende o no quiere estar quieto; falta de autoestima y seguridad en si mismos, porque le han colgado cada día la etiqueta de «problemático»; no quiere estudiar o hacer las tareas; se deja el examen sin contestar … ¡ Madre mía! bienvenidos al mundo real…NO ES QUE NO QUIERA, ES QUE NO PUEDE. ES HIPERACTIVO O HIPERACTIVA, un brillante en bruto… Debemos ayudarlos a crecer, pulirlos, hacerlos brillar, no tenemos que pisarlos, destrozarlos por desconocimiento o comodidad. La falta de vocación, lo siento, trae consigo falta de dedicación y, por tanto, de percepción de las necesidades educativas de tus alumnos. Y la falta de ganas de trabajar también hace que, si no tenemos ayuda de un departamento de orientación, no pongamos a disposición de esos niños los recursos necesarios para que salgan adelante. A menudo, no cuesta tanto trabajo. Un ejemplo cualquiera y básico sería adaptar las tareas para que puedan ir haciendo una a una, tengamos en cuenta que a un niño hiperactivo, que tiene dificultad en la ejecución de tareas, no puedes pedirle en una misma ocasión que conteste a cuatro instrucciones a la vez, ya que a la que hace dos ya se ha atorado.

El Arte como herramienta de regulación y desarrollo

Aquí es donde el Arte se convierte en un aliado extraordinario.

La actividades artísticas (dibujo, pintura, cerámica, escultura, música…) no solo son una forma de expresión si no que, realizadas de forma correcta, sirven a nivel de red neuronal como una experiencia neurológica completa.

Cuando un niño crea, su cerebro:

  1. Activa ambos hemisferios cerebrales.
  2. Desarrolla una conexión completa entre emoción y pensamiento.
  3. Encuentra una vía natural y efectiva de autoregulación. Su cerebro comienza a conectar, a focalizar, a relajarse, a parar.

Mi experiencia me ha demostrado en numerosas ocasiones que la práctica artística continuada produce cambios reales y muy beneficiosos en el cerebro infantil, especialmente en niños con hiperactividad. ¿ Cómo he podido evaluar esto? Con el paso del tiempo, la observación continuada en el aula y en el nivel de entrega y consecución de los trabajos. En los cambios de actitud, el estado de ánimo, las ganas, la participación no obligada y el tiempo de desempeño voluntario de las tareas. La capacidad de expresión artística, oral y escrita y la asimilación y expresión de la crítica artística constructiva. La mejora en los resultados académicos y en la relaciones personales con la familia y sus iguales. La mejora en la atención al orden y la planificación de los horarios semanales.

  1. Mejora la atención sostenida. El acto de crear requiere foco. Poco a poco, de forma controlada, el niño aprende a mantener la atención durante cada vez más tiempo ya que la motivación es libre no forzada. el cerebro decide seguir porque quiere no porque lo obligan. esto es fundamental.
  2. Regulación emocional. El Arte permite canalizar la frustración, enfado o exceso de energía de forma segura. Disminuye la ansiedad y mejora el equilibrio emocional.
  3. Aumento de la segregación de hormonas como la dopamina de forma natural. Crear produce placer. En un cerebro que está tan acostumbrado a fallar o a no terminar lo que empieza (porque así se han encargado otros de describirlo) la motivación y la satisfacción que aporta la sensación de logro es clave en un órgano que busca estímulos constantes.
  4. Desarrollo de autocontrol. El arte requiere paciencia y aprender a esperar en el Arte es necesario, algo de lo que un cerebro que no sabe controlar sus impulsos carece. Respetar turnos, procesos, tiempos de secado, esto que parece nimio es uno de los entrenamientos más importantes para fortalecer la corteza prefrontal. La recompensa esta cada vez más posible y más satisfactoria.
  5. Mejorar la coordinación y la conciencia temporal. Especialmente en actividades manuales, se refuerza la psicomotricidad, la conexión mente- cuerpo.
  6. Refuerzo de la autoestima y la seguridad en si mismo. Esto me parece FUNDAMENTAL. El niño se siente capaz. No hay una respuesta correcta o incorrecta, hay una respuesta que me vale siempre y que te vale a ti y que les vale a ellos, con la que somos capaces de disfrutar todos y la has creado tú, y te damos las gracias por hacernos participes de ella. Qué distinto el mensaje ¿verdad? al de …siempre está interrumpiendo el aprendizaje de sus compañeros. Eres una oportunidad de hacernos crecer con tu Arte, no un problema.
  7. Mejora las relaciones personales con mi familia, mis compañeros y amigos porque no me siento juzgado por ellos, no se dirigen a mi para reñirme constantemente, los noto relajados, les gusta lo que hago y creo. Me siento valorado, estoy haciendo algo bonito y me lo dicen.

El Arte y las Necesidades Educativas Especiales

Para niños con necesidades educativas especiales el Arte ofrece algo que muchas metodologías no siempre consiguen: un espacio sin juicio.

No importa cuánto tarden, cómo se muevan o cómo interpreten la tarea, el Arte se adapta al niño, no al contrario. En niños hiperactivos, esto se traduce en:

  1. Menos conductas disruptivas por la relajación de la ansiedad condensada.
  2. Más capacidad de expresión oral, artística, escrita por el aumento progresivo de confianza en sí mismos.
  3. Mayor sensación de relajación tras la actividad. Nuestro cerebro no ha estado bailando sin parar de un lado a otro durante un ratito, está agradecido y descansado.
  4. Mejor relación con el grupo.

Crear para crecer

Me gustaría añadir que la hiperactividad no es una enfermedad, no tiene que ser «curada». Es una dificultad que requiere su tiempo y su entrenamiento para enseñar a nuestro cerebro a organizarse, a sentirse seguro y a encontrar su propio ritmo, y ¿sabéis qué? Que entrenado de forma correcta puede llegar a ser un cerebro mucho más capacitado que uno que no haya tenido dificultad alguna por el mero hecho de que este entrenamiento es bueno y beneficioso para el correcto desarrollo de la mente humana y al que no se somete un cerebro que habitualmente consideramos «normal». Por lo que a igualdad de condiciones, un niño o niña hiperactiva correctamente acompañados por expertos en la materia (neuropsicólogos y maestros especializados) no solo pueden tener una desarrollo evolutivo normal si no SUPERIOR a nivel personal, emocional y profesional.

Marián Saco De Larriva

Maestra de Primaria y Lengua Extranjera

Profesora de Arte. Fundadora del Proyecto Mi Primera Obra de Arte con sede en SACCO Estudio de Arte en Villarreal

La importancia de parar: volver a sentir para volver a ser. El arte como cura

Vivimos demasiado de prisa

Acelerados en el trabajo, en casa, en la crianza de nuestros hijos, en la forma en la que nos comunicamos y hasta en la manera que descansamos. Me preocupa esta tendencia a llenar cada minuto de actividad, de estímulos, de ruido. Hemos confundido estar ocupados con estar vivos cuando es precisamente lo contrario lo que nos conecta con nuestro yo interior. En esta carrera constante estamos perdiendo la noción de algo esencial: el «aquí» y el «este momento» dónde y cuándo conectamos con la realidad de la vida y con aquello que nos hace humanos.

¿Es que acaso nos da miedo enfrentarnos a esta realidad? A la de reconocer que somos humanos. ¿Nos asusta parar? Esta alerta constante ha generado en nosotros una desconexión con nuestro yo, un espacio vacío y ya sabemos de sobra que la distancia hace el olvido. Nos incomoda la sensación de estar un rato con nosotros mismos como nos incomodaría estar sentados frente a alguien a quien no ves desde hace un tiempo y con quien se te ha olvidado de qué hablar y si el uno con el otro tenéis algo en común. Para más «Inri» en un momento de lucidez puede recordarte algo que no te gustaría escuchar ni sentir.

Cuando dejamos de sentir

Hemos llegado hasta aquí gracias a nuestros sentidos: observar, respirar, oler, degustar, tocar, escuchar, están ahí para recordarnos que estamos vivos. Sin embargo, cada vez los usamos menos. Comemos sin saborear, respiramos sin darnos cuenta, miramos sin ver y, a menudo, oímos por tres o cuatro canales distintos cuando solo tenemos uno, lo que vuelve loco a nuestro cerebro, (se llama contaminación acústica, o intoxicación diría yo. Intentamos prestar atención a un audio, mientras tratamos de seguir atentos a lo que tenemos delante y estamos pendientes del ordenador mientras escuchamos de fondo el sonido de la Tablet de nuestro hijo y la tele por otro lado, atendemos sus demandas e intentamos poner en orden todo lo que nos queda por hacer hoy y los días siguientes. El ruido interno también nos afecta) Es una LOCURA.

Lo que aprenden nuestros hijos cuando nunca paramos

Los niños no aprenden de lo que decimos si no de lo que hacemos. Imitan por instinto y muchas de las actitudes que desarrollan no son genéticas, son adquiridas. Es decir, tu hijo o hija no hace eso igual que tú porque lleve tu sangre, lo hace porque te observa desde que nació.

Si nos ven siempre con prisas, con el móvil en la mano, sin espacio para el silencio o la contemplación, si nos dejamos llevar por la inercia de los malos modos, de la ausencia de tiempo para dar un beso o las buenas noches, si no nos ven con un libro en la mano, o disfrutando en familia de un paseo o una buena película, si arrancamos de nuestro día a día cosas esenciales porque no hay tiempo para ellas, si tiramos de su mano cuando intentan enseñarnos el arcoíris porque llevamos prisa, o respondemos con un «venga, no te pares» cuando intentan comunicarse con nosotros, interpretarán que eso es la vida.

Una vida sin pausa que genera adultos con dificultad para:

  1. Escuchar su cuerpo
  2. Reconocer sus emociones
  3. Gestionar la frustración
  4. Controlar sus impulsos
  5. Planificar y ejecutar tareas sencillas y complejas
  6. Analizar situaciones desde la calma sin dramatizar
  7. Tener relaciones sociales saludables
  8. Empatizar con sus iguales
  9. Desarrollar la creatividad
  10. Entender la importancia de la generosidad y el agradecimiento
  11. Medirse y superarse a sí mismos
  12. Ser resilientes y adaptativos a los cambios
  13. Encontrar sentido a su vida

He notado la angustia de muchos papás de adolescentes cuando me dicen: Marián, no se por qué es así, pasa de todo, no le interesa nada, no sabe que quiere estudiar, le hablas y parece que hablas con la pared, le da igual si hace frío o calor. Está metido en su mundo con su móvil.

¡Bienvenidos al mundo de la desconexión del «Ser»! La aceleración constante no solo nos agota, nos deshumaniza y ahora, en este punto, es más duro porque como siempre os digo, eliminar un hábito es mucho más difícil que enseñarlo correctamente desde edad temprana. Es cuando nuestra corteza cerebral está en pleno desarrollo cuando tenemos que alimentarla.

Parar no es perder el tiempo es ordenar

Orden, paciencia, tiempo. Que palabras más bonitas.

Todo ocurre cuando hay orden, paciencia y tiempo.

Las ideas maduran en silencio. La intuición aparece cuando dejamos de forzar. El crecimiento emocional y físico necesita pausa, si no por qué dormimos. Parar no es hacer menos, es hacer mejor.

Cuantas veces he escuchado las frases de: es que venimos a este mundo sin libro de instrucciones; es que nadie nos enseña a ser padres; si tuviéramos la receta…

¡ Aquí la tienes! No hay más

La vida es vida desde hace millones de años. Esto no es nuevo, no queramos venir ahora a inventar aquello que siempre ha dado resultado. O ¿por qué hemos evolucionado si no de esta forma tan increíble? Pues, porque el ser humano siempre ha sabido hacer las cosas, no todo ha sido malo ni en vano. El cerebro humano necesita esquemas claros y ordenados, tranquilidad para analizar las situaciones y tiempo para llevar a cabo el aprendizaje para desarrollar nuestro potencial y vivir una vida productiva y con sentido y como consecuencia feliz emocionalmente.

El Arte como camino de regreso

Quizás no podamos frenar el mundo, pero si podemos crear espacios y momentos en los que el tiempo quede suspendido entre motas de color, sonrisas e ilusiones que iluminen nuestra calma y nos devuelvan lo que la prisa nos roba.

El Arte, por naturaleza, es un acto humano lento, implica imaginar, observar, analizar, escuchar, buscar, tomar consciencia, tocar, equivocarse sin miedo, esperar, fluir, sentir. El Arte no busca resultados, busca presencia. Por ello es una de las herramientas más poderosas que existen para reeducarnos a dedicarnos tiempo para reencontrarnos y recuperarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones de amistad y familia.

Y aunque las posibilidades son infinitas, desde Mi Primera Obra de Arte, os proponemos algunas actividades muy interesantes y fáciles de hacer. No se trata de hacer grandes cosas, si no de crear pequeños rituales conscientes que se convertirán en grandes mejoras con las que podríamos empezar a darle forma a nuestra nueva vida y la de nuestros niños.

🔹Se acabo sentirse culpable por olvidar. Somos humanos y nuestra mente tiene limitaciones. Planificar los domingos por la tarde nuestra semana en una agenda, aunque sean pequeñitos, esto les encanta. Nos ayudará a nosotros y a ellos. Enseñarles desde la infancia la importancia de «descargar» y ordenar nuestros horarios en una agenda para no responsabilizar a nuestro cerebro cuando algo se nos olvide. Llevamos demasiadas cosas en la cabeza y esto nos permite tenerlo todo controlado sin necesidad de una energía extraordinaria. En esta agenda podremos poner los horarios del cole, de deportes, clases de Arte, visita a la peluquería, acontecimientos sociales, además de todas sus obligaciones escolares como tareas, trabajos y exámenes y sus planes del fin de semana.

🔷Salir a caminar de vez en cuando sin prisa y sin rumbo. Pasear por pasear. No ir sumido en nuestros pensamientos, detenerse con ellos a hablar de lo que vemos, observar hojas, sombras, olores, colores, piedras, el tiempo y comentarlo juntos.

🔷Compartir momentos de lectura, dejar el móvil a un lado un rato, ver una serie en familia o un documental de Arte en Youtube. Dejar que lo escojan ellos de vez en cuando pero hacerles entender que, a veces, también deberán compartir nuestras preferencias. Es importante que sean conscientes que todos somos importantes y tenemos nuestras necesidades y también queremos que las compartan con nosotros.

🔷Dibujar sin objetivo. Sentarnos juntos en familia para realizar cada uno la actividad que le guste. Dibujar, leer, escribir, pensar… Dibujar libremente sin condicionantes es una actividad muy relajante, si además se realiza con música nos envuelve en una atmósfera muy placentera. (En la escuela, a veces, nos sorprenden bailando al ritmo de la música o tarareando mientras pintan. Es un momento muy entrañable)

🔷Escribir. Crear a través de la palabra es una de las actividades más importantes para nuestro desarrollo cognitivo y que desgraciadamente la tenemos muy olvidada. Tiene infinitos beneficios. Preparar un momento a la semana en la que ambos escribáis algo interesante para que el otro lo lea es una actividad muy beneficiosa además de muy divertida para ellos.

🔷Modelar con barro o plastilina. Pedirles que dibujen una forma cualquiera, este paso previo es muy importante. Luego invitarles a realizarla con barro o pasta de secado al aire. Conectar con el tacto, con la tierra, sentir su temperatura y su textura. El barro nos obliga a ir despacio y nos permite crear una forma de aquello que habían imaginado.

🔷Crear un pastel y decorarlo. No es necesario que sea una fecha señalada para poder cocinar con nuestros niños. Actividades como cortar, pelar, remover, son esenciales para la psicomotricidad además de muy divertidas para ellos y para los adultos. No es necesario que lo hagan perfecto. A menudo nos estresamos por el resultado, eso no es importante, su cerebro está trabajando en mejorar, eso no se hace de un día para otro. Es igual que cuando hacen su cama, lo importante no es que la hagan bien si no que la hagan.  El Arte se extiende a todas las facetas cotidianas de  nuestra vida, también a la culinaria. ¿Quién sabe si tenemos un pequeño gran chef entre nosotros?

🔷Nuestro pequeño jardín. Pedirles que pinten una flor que les guste. La mayor parte de las veces, las flores que pintan los niños son fácilmente identificables con el chat GPT. Intentar comprarla. Plantarla con ellos y ayudarles a cuidarla. Le han dado forma real a un pensamiento previo, esta etapa de análisis previo y bocetaje es importante de forma transversal en todas las áreas de nuestra vida, también en la artística. Nos ayuda a evaluar de dónde partimos y a dónde queremos llegar.

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