La Educación artística como promotora de valores y resistencia cultural: salud cognitiva y emocional, lenguaje y comunidad.

Vivimos en la cultura de la inmediatez. Todo sucede muy rápido: la información, las imágenes, los problemas, las soluciones. ¡Vivimos demasiado rápido! Quizás no hayamos reparado en ello, pero en la infancia hace eco involuntario este entorno de estímulo constante y poco espacio para la pausa: sobreestimulación, productividad constante, pantallas, actualizaciones… cuando aún nuestro cerebro no ha descodificado del todo, ha reconocido y ha anclado patrones, «actualizamos». Qué sin sentido pedagógico.

En este contexto, enseñar Arte a un niño- de verdad- es un acto de resistencia que aboga por devolver a la infancia el tiempo necesario para sentir, crear y pertenecer.

La lentitud como proceso pedagógico

«La lentitud no es hacer menos, es hacer mejor«

La pintura, la cerámica, la escultura… obligan a esperar, entender y escuchar el proceso, aceptar el error, reflexionar, conocer, expresar. Conceden a los más pequeños el espacio que su pequeño cerebro necesita para conectar y llevar a cabo el verdadero proceso de aprendizaje que no es otro que entender, interiorizar y asentar, algo que necesita tiempo y que la sociedad de hoy les está robando. La productividad y la optimización del tiempo se han convertido en valores centrales, no solo en el ámbito económico, también en el educativo. Por ello, la infancia no ha quedado al margen de esta «lógica»: agendas saturadas, evaluaciones constantes, medición del rendimiento… y lo peor viene cuando algún niño se suelta de la espiral continua de movimiento o demanda ir por otro camino, entonces los juicios, como no podrían ser de otra forma son… ya lo habrán imaginado, rápidos: «su hijo padece posiblemente un trastorno por déficit de atención con probable hiperactividad, además no sencilla, si no combinada…» y así podríamos seguir.

Hago aquí una parada para añadir un apunte importante. Como maestra, no resto un ápice de importancia al diagnóstico «correcto» del TDAH o de la hiperactividad, cuyo conocimiento ha hecho posible que niños a los que antes se les «tachaba» de fracaso escolar, ahora con el entrenamiento, las pautas y, si lo precisan, la medicación adecuada, son alumnos que adquieren una madurez cognitiva optima y un desarrollo evolutivo potencialmente positivo emocional, conductual y académico y que tienen una vida saludable personal y profesional.

Volviendo a la «lentitud», el movimiento «slow», popularizado por Carl Honoré en «El elogio de la lentitud» (os lo recomiendo muchísimo), propone una recuperación del ritmo adecuado. Honoré sostiene que la lentitud no implica ineficiencia si no profundidad y sentido para hacer sobre cimientos sólidos. Aspectos que en algunos ámbitos de nuestra vida son indispensables por las consecuencias graves de sacrificarlos, por ejemplo, no querríamos ser operados por un cirujano impaciente, o vivir en una casa cuyo arquitecto no se ha tomado el tiempo necesario para calcular correctamente una estructura, una revisión incorrecta en un avión o de una vía de tren o una mamá cuyo bebé nazca en seis meses en lugar de nueve. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?

Entonces ¿Dónde y cómo se educa la paciencia?

La paciencia se construye fortaleciendo la conexión entre varias áreas del cerebro (la corteza prefrontal, el sistema límbico que regula las emociones y nuestros circuitos de recompensas promovidos por las hormonas como, por ejemplo, la dopamina) cuyo entrenamiento durante la infancia y hasta más o menos los 20-25 años es fundamental para regular la capacidad de planificar, controlar impulsos, sostener un proceso, tolerar la frustración mientras se posterga la gratificación y entender que los resultados inmediatos no son seguros en casi nada en la vida.

Trasladado al ámbito artístico, el desarrollo de las capacidades artísticas favorece la maduración de los circuitos cerebrales implicados en la auto regulación. Al sostener procesos lentos y tolerar la frustración creativa, el niño fortalece la conexión entre emoción y pensamiento, base neurobiológica de la paciencia.

Antes de pintar hay que imaginar, pensar en la composición, bocetar, encajar, realizar una paleta de colores; el barro necesita secar; el esmalte, reposar; el tercer fuego, dos cocciones anteriores. El Arte, como la vida, impone un ritmo que no puede violentarse «sin fractura».

Así, el proceso artístico introduce una pedagogía del tiempo que enseña a esperar, a observar, a focalizar la atención, a sostener la incertidumbre y esto los prepara para soportar la propia cuando sea necesario a lo largo de la vida.

Frente a la dispersión digital, el acto de crear, ya sea en la pintura, la escultura, la música, la escritura exige abstracción y concentración sostenida, escucha mental y corporal y conciencia en nuestros actos.

El Arte no es tan sólo un lenguaje si no una forma de pensamiento

Una vez que conseguimos que el proceso de aprendizaje haya cogido en ritmo y la forma adecuados comienza un proceso que resulta infinito y exponencial y que abarca todas las áreas del desarrollo humano.

La educación artística no solo promueve el desarrollo de habilidades técnicas; es, sobre todo, una escuela de valores: de respeto por la diversidad, escucha activa, empatía, tolerancia a la frustración, trabajo de la autoestima y seguridad en sí mismos, capacidad de crítica constructiva, abstracción, relativización… que emergen de manera natural en el niño cuando se trabaja desde el Arte.

Como señalaba Loris Malaguzzi, padre del modelo educativo Reggio Emilia, el niño tiene cien lenguajes con los que se expresa, pero, desgraciadamente, algunos modelos educativos se encargan de dinamitar 99 de ellos. La expresión plástica (el dibujo, el modelado, el movimiento, el color), verbal, escrita, corporal, simbólica…nos recuerdan que el ser humano no se expresa tan sólo con la palabra. La educación artística valida estas cien formas de expresión, especialmente en la infancia pero también en la adolescencia y la edad adulta. Al hacerlo, reconoce y legitima que cada persona piensa, siente y comunica de manera distinta.

Trabajar desde esta pluralidad de lenguajes es un acto profundamente inclusivo. Ayuda a crecer a aquellos que encajan pero también a los que no lo hacen en el modelo educativo tradicional y propone un lugar desde el que expresarse, fortaleciendo su autoestima y su vínculo con el aprendizaje. De esto tengo muchas experiencias positivas con las que avalo esta idea en el terreno personal y profesional.

El Arte como proceso relacional

Más allá del individuo, la educación artística tiene un enorme potencial para construir comunidad. Además de favorecer el desarrollo cognitivo de forma correcta y promover la educación en valores, el Arte defiende que el aprendizaje no tiene criterio si el conocimiento no se construye desde el diálogo con otros. El taller, el aula o el espacio creativo funcionan como un microcosmos social donde se aprende a convivir, a compartir, a cuidar y respetar y a celebrar la diversidad.

Crear juntos genera vínculos que se convertirán en el germen del futuro trabajo en equipo. Todo deja de ser propio para entender que si nuestro relato no es compartido no cobra sentido. Los artistas necesitamos comunicar y compartir aquello que creamos, debe tener un fin, una motivación, un significado. El Arte promueve conciencias propias y ajenas, actúa como un lenguaje común que crea historia compartida, une generaciones, culturas y sensibilidades diversas.

Por ello, defiendo la idea de que en un mundo, cada vez más fragmentado, la educación artística se revela como una forma de resistencia cultural: preserva nuestra memoria, transmite saberes y valores y nos abre a experiencias colectivas, nos recuerda de dónde venimos y a dónde estamos llamados a llegar.

Marián Saco De Larriva

Maestra en Educación Primaria y Lengua Extranjera

Artista plástica

Fundadora del proyecto «Mi Primera Obra de Arte»

@saccoestudiodearte

La importancia de parar: volver a sentir para volver a ser. El arte como cura

Vivimos demasiado de prisa

Acelerados en el trabajo, en casa, en la crianza de nuestros hijos, en la forma en la que nos comunicamos y hasta en la manera que descansamos. Me preocupa esta tendencia a llenar cada minuto de actividad, de estímulos, de ruido. Hemos confundido estar ocupados con estar vivos cuando es precisamente lo contrario lo que nos conecta con nuestro yo interior. En esta carrera constante estamos perdiendo la noción de algo esencial: el «aquí» y el «este momento» dónde y cuándo conectamos con la realidad de la vida y con aquello que nos hace humanos.

¿Es que acaso nos da miedo enfrentarnos a esta realidad? A la de reconocer que somos humanos. ¿Nos asusta parar? Esta alerta constante ha generado en nosotros una desconexión con nuestro yo, un espacio vacío y ya sabemos de sobra que la distancia hace el olvido. Nos incomoda la sensación de estar un rato con nosotros mismos como nos incomodaría estar sentados frente a alguien a quien no ves desde hace un tiempo y con quien se te ha olvidado de qué hablar y si el uno con el otro tenéis algo en común. Para más «Inri» en un momento de lucidez puede recordarte algo que no te gustaría escuchar ni sentir.

Cuando dejamos de sentir

Hemos llegado hasta aquí gracias a nuestros sentidos: observar, respirar, oler, degustar, tocar, escuchar, están ahí para recordarnos que estamos vivos. Sin embargo, cada vez los usamos menos. Comemos sin saborear, respiramos sin darnos cuenta, miramos sin ver y, a menudo, oímos por tres o cuatro canales distintos cuando solo tenemos uno, lo que vuelve loco a nuestro cerebro, (se llama contaminación acústica, o intoxicación diría yo. Intentamos prestar atención a un audio, mientras tratamos de seguir atentos a lo que tenemos delante y estamos pendientes del ordenador mientras escuchamos de fondo el sonido de la Tablet de nuestro hijo y la tele por otro lado, atendemos sus demandas e intentamos poner en orden todo lo que nos queda por hacer hoy y los días siguientes. El ruido interno también nos afecta) Es una LOCURA.

Lo que aprenden nuestros hijos cuando nunca paramos

Los niños no aprenden de lo que decimos si no de lo que hacemos. Imitan por instinto y muchas de las actitudes que desarrollan no son genéticas, son adquiridas. Es decir, tu hijo o hija no hace eso igual que tú porque lleve tu sangre, lo hace porque te observa desde que nació.

Si nos ven siempre con prisas, con el móvil en la mano, sin espacio para el silencio o la contemplación, si nos dejamos llevar por la inercia de los malos modos, de la ausencia de tiempo para dar un beso o las buenas noches, si no nos ven con un libro en la mano, o disfrutando en familia de un paseo o una buena película, si arrancamos de nuestro día a día cosas esenciales porque no hay tiempo para ellas, si tiramos de su mano cuando intentan enseñarnos el arcoíris porque llevamos prisa, o respondemos con un «venga, no te pares» cuando intentan comunicarse con nosotros, interpretarán que eso es la vida.

Una vida sin pausa que genera adultos con dificultad para:

  1. Escuchar su cuerpo
  2. Reconocer sus emociones
  3. Gestionar la frustración
  4. Controlar sus impulsos
  5. Planificar y ejecutar tareas sencillas y complejas
  6. Analizar situaciones desde la calma sin dramatizar
  7. Tener relaciones sociales saludables
  8. Empatizar con sus iguales
  9. Desarrollar la creatividad
  10. Entender la importancia de la generosidad y el agradecimiento
  11. Medirse y superarse a sí mismos
  12. Ser resilientes y adaptativos a los cambios
  13. Encontrar sentido a su vida

He notado la angustia de muchos papás de adolescentes cuando me dicen: Marián, no se por qué es así, pasa de todo, no le interesa nada, no sabe que quiere estudiar, le hablas y parece que hablas con la pared, le da igual si hace frío o calor. Está metido en su mundo con su móvil.

¡Bienvenidos al mundo de la desconexión del «Ser»! La aceleración constante no solo nos agota, nos deshumaniza y ahora, en este punto, es más duro porque como siempre os digo, eliminar un hábito es mucho más difícil que enseñarlo correctamente desde edad temprana. Es cuando nuestra corteza cerebral está en pleno desarrollo cuando tenemos que alimentarla.

Parar no es perder el tiempo es ordenar

Orden, paciencia, tiempo. Que palabras más bonitas.

Todo ocurre cuando hay orden, paciencia y tiempo.

Las ideas maduran en silencio. La intuición aparece cuando dejamos de forzar. El crecimiento emocional y físico necesita pausa, si no por qué dormimos. Parar no es hacer menos, es hacer mejor.

Cuantas veces he escuchado las frases de: es que venimos a este mundo sin libro de instrucciones; es que nadie nos enseña a ser padres; si tuviéramos la receta…

¡ Aquí la tienes! No hay más

La vida es vida desde hace millones de años. Esto no es nuevo, no queramos venir ahora a inventar aquello que siempre ha dado resultado. O ¿por qué hemos evolucionado si no de esta forma tan increíble? Pues, porque el ser humano siempre ha sabido hacer las cosas, no todo ha sido malo ni en vano. El cerebro humano necesita esquemas claros y ordenados, tranquilidad para analizar las situaciones y tiempo para llevar a cabo el aprendizaje para desarrollar nuestro potencial y vivir una vida productiva y con sentido y como consecuencia feliz emocionalmente.

El Arte como camino de regreso

Quizás no podamos frenar el mundo, pero si podemos crear espacios y momentos en los que el tiempo quede suspendido entre motas de color, sonrisas e ilusiones que iluminen nuestra calma y nos devuelvan lo que la prisa nos roba.

El Arte, por naturaleza, es un acto humano lento, implica imaginar, observar, analizar, escuchar, buscar, tomar consciencia, tocar, equivocarse sin miedo, esperar, fluir, sentir. El Arte no busca resultados, busca presencia. Por ello es una de las herramientas más poderosas que existen para reeducarnos a dedicarnos tiempo para reencontrarnos y recuperarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones de amistad y familia.

Y aunque las posibilidades son infinitas, desde Mi Primera Obra de Arte, os proponemos algunas actividades muy interesantes y fáciles de hacer. No se trata de hacer grandes cosas, si no de crear pequeños rituales conscientes que se convertirán en grandes mejoras con las que podríamos empezar a darle forma a nuestra nueva vida y la de nuestros niños.

🔹Se acabo sentirse culpable por olvidar. Somos humanos y nuestra mente tiene limitaciones. Planificar los domingos por la tarde nuestra semana en una agenda, aunque sean pequeñitos, esto les encanta. Nos ayudará a nosotros y a ellos. Enseñarles desde la infancia la importancia de «descargar» y ordenar nuestros horarios en una agenda para no responsabilizar a nuestro cerebro cuando algo se nos olvide. Llevamos demasiadas cosas en la cabeza y esto nos permite tenerlo todo controlado sin necesidad de una energía extraordinaria. En esta agenda podremos poner los horarios del cole, de deportes, clases de Arte, visita a la peluquería, acontecimientos sociales, además de todas sus obligaciones escolares como tareas, trabajos y exámenes y sus planes del fin de semana.

🔷Salir a caminar de vez en cuando sin prisa y sin rumbo. Pasear por pasear. No ir sumido en nuestros pensamientos, detenerse con ellos a hablar de lo que vemos, observar hojas, sombras, olores, colores, piedras, el tiempo y comentarlo juntos.

🔷Compartir momentos de lectura, dejar el móvil a un lado un rato, ver una serie en familia o un documental de Arte en Youtube. Dejar que lo escojan ellos de vez en cuando pero hacerles entender que, a veces, también deberán compartir nuestras preferencias. Es importante que sean conscientes que todos somos importantes y tenemos nuestras necesidades y también queremos que las compartan con nosotros.

🔷Dibujar sin objetivo. Sentarnos juntos en familia para realizar cada uno la actividad que le guste. Dibujar, leer, escribir, pensar… Dibujar libremente sin condicionantes es una actividad muy relajante, si además se realiza con música nos envuelve en una atmósfera muy placentera. (En la escuela, a veces, nos sorprenden bailando al ritmo de la música o tarareando mientras pintan. Es un momento muy entrañable)

🔷Escribir. Crear a través de la palabra es una de las actividades más importantes para nuestro desarrollo cognitivo y que desgraciadamente la tenemos muy olvidada. Tiene infinitos beneficios. Preparar un momento a la semana en la que ambos escribáis algo interesante para que el otro lo lea es una actividad muy beneficiosa además de muy divertida para ellos.

🔷Modelar con barro o plastilina. Pedirles que dibujen una forma cualquiera, este paso previo es muy importante. Luego invitarles a realizarla con barro o pasta de secado al aire. Conectar con el tacto, con la tierra, sentir su temperatura y su textura. El barro nos obliga a ir despacio y nos permite crear una forma de aquello que habían imaginado.

🔷Crear un pastel y decorarlo. No es necesario que sea una fecha señalada para poder cocinar con nuestros niños. Actividades como cortar, pelar, remover, son esenciales para la psicomotricidad además de muy divertidas para ellos y para los adultos. No es necesario que lo hagan perfecto. A menudo nos estresamos por el resultado, eso no es importante, su cerebro está trabajando en mejorar, eso no se hace de un día para otro. Es igual que cuando hacen su cama, lo importante no es que la hagan bien si no que la hagan.  El Arte se extiende a todas las facetas cotidianas de  nuestra vida, también a la culinaria. ¿Quién sabe si tenemos un pequeño gran chef entre nosotros?

🔷Nuestro pequeño jardín. Pedirles que pinten una flor que les guste. La mayor parte de las veces, las flores que pintan los niños son fácilmente identificables con el chat GPT. Intentar comprarla. Plantarla con ellos y ayudarles a cuidarla. Le han dado forma real a un pensamiento previo, esta etapa de análisis previo y bocetaje es importante de forma transversal en todas las áreas de nuestra vida, también en la artística. Nos ayuda a evaluar de dónde partimos y a dónde queremos llegar.

El espejo de mi padre, el ejemplo de mi madre

Gracias a lo que la sociedad ha evolucionado, muchas de nosotras compartimos hoy nuestra vida con personas que han nacido con el gen de la equidad, personas que llevan impreso en su esencia el concepto de acompañarte en lugar de retenerte, de admirarte y cuidarte en lugar de poseerte, de hacerte feliz en lugar de lastimarte y que colorean tu vida en lugar de teñirla de negro. Pero otras, desgraciadamente, siguen viviendo, día tras día, bajo el yugo del sufrimiento. Mujeres y niños para los que este mundo ha sido y es del color de la más oscura de las tristezas y cuyas causas tienen nombres desgarradores: maltrato y violencia de género.

Me gustaría que distinguiéramos entre distintos conceptos: por un lado, el de violencia. Este no tiene porqué estar reñido al de género; y por otro, el concepto de machismo. Ambos, a veces, se interrelacionan dando lugar al concepto de violencia machista. Pero hay que tener cuidado porque no siempre van de la mano.

Un niño violento a edad temprana lo es sin importar cuestión de género. Lo será con un niño o con una niña cuando crea que debe someterlo y no encuentre otra opción viable para la defensa de sus intereses. Para ellos, conciliar no es una alternativa. No existe. Por tanto, no es un camino a seguir. Ellos no empatizan con el dolor ajeno, no sienten lo que otros niños están sintiendo cuando reciben un maltrato. Puede ocurrirles por una cuestión orgánica, fruto de diversas causas que deben analizar los profesionales, como podría ser una falta de maduración en el lóbulo frontotemporal, donde reside nuestro control de los impulsos; o por conductas familiares, imitadas y, por tanto, adquiridas en el entorno donde se está desarrollando su desarrollo y crecimiento evolutivo.

De tal padre, tal hijo”WhatsApp Image 2023-09-02 at 11.00.27

Desafortunadamente, aún existen, a día de hoy, grandes diferencias que ponen de manifiesto que aún queda mucho por andar. Segmentos de la sociedad en los que una mujer debe acatar principios que por inercia cultural ni se cuestionan y, si se hace, se recibe el peso del castigo psíquico o físico, además del enorme estigma de la culpa. Crecer en estos entornos marca un camino claro a seguir por esos niños y niñas que pronto crecerán y se convertirán en adultos que imitarán la conducta de su padre o de su madre, y que, por supuesto, cabe la posibilidad de que lleguen a ser  maltratadores psíquicos y físicos en un futuro.

Los seres humanos aprendemos mediante la imitación de nuestros semejantes, ya lo decía B.F.Skinner, padre del Conductismo, “dame un niño y lo moldearé como quieras”.

Hoy sabemos que, además de los factores orgánicos que pueden alterar la psique interna, Skinner tenía razón cuando hablaba de pautas aprendidas por factores externos y que determinan la conducta de una persona. Casi todas ellas durante la infancia. Y en esto, los agentes que intervienen en la educación de un niño son fundamentales. ¿Los primeros? Los padres; ¿después? La sociedad.

La sociedad juega un papel protagonista en esta peligrosa atrofia educativa de conceptos básicos relativos al género.

Como madre de tres varones, hija que ha crecido con un padre y tres hermanos, también varones, con los mimos sobrinos, me preocupa que determinados colectivos sociales tengan al género masculino en caza y captura. Como docente y comunicadora no me gustan las generalizaciones, odio los espectáculos de pandereta y huyo de los circos romanos. Que los hay y se siguen celebrando. Lo que ocurre es que hoy día, no echamos a los hombres al ruedo a que las “bestias” los maten. Estos días, nos divertimos de una forma más sutil. Los arrojamos a los medios a que la opinión pública despedace su intimidad, su vida, familiar y profesional, los acose y los asedie, los humille y los deje acabados, todo ello sin tener aún un juicio fundado. Nos adherimos como lapas a la montaña rusa que sube y baja vertiginosa escupiendo habladurías.

Desde mi experiencia como docente, hija, madre y esposa y, en ocasiones, amiga confidente inevitable, llevo años leyendo acerca de las posibles patologías que pueden afectar a los maltratadores, quizás porque aún, después de haber sido testigos de numerosas barbaries, nos resistimos a pensar que un ser humano pueda llevar a cabo actos semejantes si no es bajo una condición de trastorno mental. Pero no, coincido con muchos de los psicólogos y estudiosos que leo en que, independientemente del posible trastorno que pueda tener la persona que hace daño, (que obviamente los hay y no podemos negarlos y que también tiene mejor pronóstico si se comienzan a trabajar a edades tempranas), los motivos que pueden llevar a que un niño o adolescente maltrate son muy diversos y, en muchas ocasiones, tienen su inicio en conductas adquiridas en la infancia, por lo que la educación es vital.

El espejo de mi padre, el ejemplo de mi madre

Le pese a quien le pese, la mayor parte de los niños conflictivos con los que he tratado, alumnos con conductas disruptivas, falta de control de impulsos, falta de empatía, la tendencia al dominio y control de otras personas, el escaso signo de arrepentimiento, etc… no tienen en su radar la distinción de género aún en esas edades. Un niño que es agresivo, lo es sin discernir entre masculino o femenino. La mayoría provienen de contextos educativos inestables y faltos de valores y de voluntad y dedicación por parte de sus agentes educativos. Y, en muchos casos, aunque exista voluntad, esta transmite valores erróneos y, por tanto, peligrosos, o ni siquiera reconocen que hay un problema hasta que comienza a suponerlo para la familia y el entorno. Además, hay que añadir que, no siempre, pero en muchas ocasiones, entran en juego otros factores como la situación socioeconómica y cultural de una familia.WhatsApp Image 2023-09-03 at 07.48.03

En la mayoría de los casos se solucionaría con reeducar o educar a los padres, objetivo harto difícil, por lo que, centrándonos en los pequeños, si se atiende a tiempo y se lleva a cabo una terapia basada en la modificación de conducta, y se orienta a los agentes educativos, los niños aprenden a identificar y gestionar sus emociones y salen adelante como niños que se convertirán en adultos emocionalmente sanos y responsables de las consecuencias de sus actos para ellos mismos y para los que los rodean.

Desgraciadamente, tenemos un sistema educativo con importantes carencias de recursos en orientación, necesidades educativas especiales y educación emocional, no por falta de personal especializado en la materia si no por la falta de contratación de este en los centros públicos, (un orientador por centro, cada dos semanas, para atender a todos los niños con necesidades educativas especiales, además, si el niño en cuestión es bueno académicamente no entra en la lista para atención por orientación). No todas las familias tenemos la posibilidad de acceso a dichos recursos por lo que nos toca hacerlo en casa, es nuestra responsabilidad. No en vano los padres somos los primeros agentes educativos y aunque en la escuela nos ayuden a identificar estas necesidades y a seguir unas orientaciones, la familia es lo primero en cuanto a la proyección de educación en valores.

El papel de los padres. Papá, aprendo de ti

Tanto los padres como las madres tenemos nuestra parte de responsabilidad y no, no debemos dejar que el peso de la educación recaiga sobre uno solo de ellos si no es estrictamente necesario. Ya que está más que demostrado que en el proceso educativo, cada uno de ellos influye en diferentes aspectos del desarrollo psicológico de los niños y niñas.WhatsApp Image 2023-09-03 at 09.53.21 La presencia de papá les brinda seguridad emocional. Les proporciona confianza y que su padre pueda pasar tiempo con ellos ayuda a desarrollar una autoestima positiva en los pequeños.

Además, el padre tiene un papel fundamental en el establecimiento de límites y normas, lo que contribuye a la formación de una adecuada regulación emocional y conductual. Es un referente, que por cuestiones ancestrales y de roles de género, en el caso de los niños, tienden a querer imitar para construir su identidad y su autoimagen. Los niños no tiene aún definida una imagen de si mismos, se ven tal y como perciben que los demás los ven. Por lo que es vital que el padre se muestre ante ellos tal y como quiere que en un futuro sus hijos se muestren ante él y ante la sociedad.

Mamá, tu tienes la solución

Ahora me dirijo a nosotras y lo siento, lo siento porque con mi escrito voy a ser clara, sinceramente objetiva y os voy a exigir. Y algunas pensaréis, ¿más? Sí. Aún en esos momentos en los que ya no podíais más, pero, no os voy a exigir más de lo que yo me exijo a mí misma cada día.

Como madre, me doy cuenta, cada día más, que la realidad es que nosotras también formamos parte de todo esto, no podemos descargar la culpa solo en una cuestión de “género” refiriéndonos a la tradición de exceso de sometimiento que se otorga al género masculino, porque la educación es un proceso en el que intervenimos todos y es cíclico, donde lo que ocurrió ayer volverá a suceder mañana hasta que alguien lo corte. Y sabemos, que en numerosas ocasiones somos nosotras las que, sin pensar en las consecuencias, estimulamos y enfatizamos conductas machistas. Con nuestros hijos e incluso con otras mujeres que, según nuestro criterio basado en conceptos arcaicos, no actúan como buenas madres o esposas, concepto muy romántico este «esposo o esposa», presente de indicativo del verbo esposar. Apresar, encadenar, atar, inmovilizar…

Elegir con quien quiero compartir mi vida, una cuestión de educación…

«Al arbolito desde chiquitito» Todos sabemos que una parte de responsabilidad importantísima de la lucha contra la violencia de género la tenemos las madres.

La madre debe ser la mujer que ella admire, su referente durante toda su vida y aquella con quien él se sienta seguro de compartir su vida y el padre debe ser el espejo donde ellos se vean reflejados y el compañero que ellas desearían tener a su lado en el futuro”.

Las madres somos responsables:

– Cuando nos cargamos un peso absoluto que debería ser compartido y no ponemos rutinas en las que todos los miembros del hogar tengan una responsabilidad.

– Cuando decimos no a esa salida o viaje con amigas por no molestar o desestabilizar la rutina de nuestro hogar.

– Cuando decimos no a esa oportunidad de trabajo porque sabemos que significará problemas en casa al faltar y tener que compartir responsabilidades, pero, en cambio, apoyamos, como si se nos fuera la vida en ello, sus oportunidades: las de nuestros hijos y maridos sin importar el tiempo y la ilusión que dediquemos en ello.

– Cuando ponemos como excusa el cansancio de la maternidad para desatender nuestro desarrollo profesional y personal.

– Cuando nos convertimos en “correcaminos” para llegar a tiempo a todas partes a costa de nuestra salud en lugar de priorizar y si no se puede, ¡no se puede!

– Cuando comenzamos a disculpar que nos falten el respeto y no nos damos cuenta de que eso es solo una consecuencia de que nosotras somos las primeras que no nos respetamos a nosotras mismas.

– Cuando permitimos que atender una llamada de trabajo sea más importante que solucionar una cuestión familiar.

– Cuando cedemos para mantener la armonía en el hogar.

– Cuando no implicamos a nuestros niños en las mismas labores que implicamos a las niñas ni con la misma exigencia.

– Cuando no estimulamos a nivel deportivo igual a nuestras niñas que a nuestros niños

– Cuando enseñamos a nuestros hijos un concepto de amor romántico, idealizado y equivocado en el que dejamos atrás variables importantes a tener en cuenta como la educación, la compatibilidad, las prioridades, la similitud en los gustos, la forma de ver la vida. (Próxima semana)

y a mayores:

– Cuando tenemos miedo y no lo contamos.

– Cuando cedemos a las amenazas no lo ponemos en conocimiento.

– Cuando creemos que una separación será el mal para nuestros hijos y sacrificamos nuestra propia felicidad.

-Cuando, cuando, cuando…

WhatsApp Image 2023-09-03 at 09.53.21 (1)La educación de una sociedad justa e igualitaria debe tener origen de cuna y esto comienza desde nuestro propio ejemplo como padres, poniendo todo de nuestra parte para que el espejo donde se miren sea el mejor en el que puedan hacerlo; también, todos los mecanismos que estén en nuestra mano para identificar en nuestros hijos conductas que sean inquietantes y buscar ayuda para darles una oportunidad de ser adultos felices y sanos emocionalmente. 

Como madres y esposas, debemos trabajar dejando bien claros los límites del respeto y la libertad psíquica y física que no se pueden sobrepasar bajo ningún concepto y de los que nuestros pequeños aprenden por imitación como esponjas que absorben a velocidad vertiginosa. Así aprenderá el niño que esa conducta de papá es la que debe reproducir, y aprenderá la niña que la forma de comportarse de su madre es la correcta y asumirá el rol que marcará el camino de su vida en pareja y en sociedad en general. Por ello, no sólo debemos ser valientes para cambiar nuestra realidad si no también para hacerlo por la que será la futura de ellos.

«Tanto si soy niño o niña aprenderé a respetar , a no agredir y a no someter porque es lo que he visto en mi hogar. Igualmente, aprenderé a valorarme y a elegir con quién quiero compartir mi vida porque no quiero tener al lado lo que no me hace feliz».

Respetaremos sus acciones, no sus palabras. Por Laura,si, tú también la conocías.

Hoy es un día muy triste.He amanecido con la misma sensación de desolación con la que caí dormida ayer noche. Y no, no soy una persona inestable psicológicamente, como pude leer anoche de algunos que, refiriéndose a la barbarie del asesinato de Laura Luelmo decían, «bueno esas cosas han pasado siempre, gente mala hay en todas partes, no te lo puedes tomar así, hay que ser más fuerte, si no la conocías». PUES SI, si la conocía.

Conocía la ilusión y la fuerza que te da tener 26 años, como ella; el deseo enorme de cumplir unos sueños llenos de la ambición mágica que te da la edad; conocía la sensación de ser maestra y llegar por primera vez a un colegio, con los ojos brillantes, cargada de ganas porque vas a hacer una nueva sustitución, vas a conocer nuevos compañeros, a tus alumnos y quizás, eso te ayude a encontrar tu sitio profesionalmente y a poder cumplir tus sueños como casarte y formar tu propia familia junto a la persona que amas. Experiencias de vida que Laura ya no podrá tener, se las han arrebatado como lo han hecho con sus 26 años y el resto de su vida.
¿Que no la conocíamos? LAURA está en cada una de nosotras, nuestra piel, nuestra sangre y nuestra alma son como las de ella, al igual que las de sus seres queridos, porque también conocemos a su madre y a su padre perfectamente. Conocemos la sensación de desear un hijo, de amarlo durante los nueve meses de embarazo, de darle la vida, cuidarlo y tratarlo como la joya más valiosa que nunca jamás has podido imaginar tener, el sentimiento infinito e inagotable de adorarlo y acariciarlo porque es el ser más tierno que ha existido y existirá para ti. Conocemos la impresión de sentirte pensándolo en cada momento y la de soñar para él un futuro de felicidad y salud.

Pero también conocemos las pesadillas, aquellas que te hacen estremecer y enfermar si en ellas algo malo les ocurre, las que te conmocionan y te sacuden en la noche. Conocemos su llanto (y el tuyo) su primer día de guardería, sus pequeñas manías cuando empieza a formar su carácter como personita, conoces sus piececitos y sus manos, sus ojos y su nariz  tanto que serías capaz de dibujarlos, y la razón se traduce en las millones de veces que te has pasado mirándolo fijamente y pensando interminablemente que nada malo le ocurra jamás y que ningunas manos sean capaz de siquiera rozarlo nunca si no es para algo bueno.

Unas pesadillas que se han convertido en la realidad más desgarradora para una familia más, esta vez la de Laura Luelmo.

Conozco a su novio, porque conozco la ilusión de tener al lado a la persona a la que amas, de tus primeros mensajes y recuerdos, la sensación de querer tenerla siempre cerca porque ella tiene la forma de todo tu cariño y deseo: su sonrisa, su forma de hablar, de mirarte, su olor, su piel. Con la que sueñas una vida.
Conozco a sus amigos , porque conozco la sensación de tenerlos al lado, de disfrutar días y noches de fiestas y celebraciones, de reír y soñar juntos, de agradecer que estén presentes en los momentos importantes de tu vida ya sean buenos o malos.

Así que si, si la conocía, muy bien, porque cada una de nosotras somos Laura, su madre, sus hermanos y amigos y sus compañeros.

Mucho se habla cuando algo así ocurre de las necesidades en materia penal que existen en nuestro país, tanto tanto se habla, que es lo único que se hace.

Muchos años han pasado ya de Sonia Carabantes  Rocío Wanninkhof, Sandra Palo, Diana Quer  y siguen pasando. En la mayoría de los casos, estos crímenes han sido cometidos por personas reincidentes, (iba a escribir animales para nombrarlos, pero no se merecen esa categoría. NUNCA un animal mataría por placer y con esa sangre fría ).

Hablen con las personas entendidas en la materia: los psiquiatras y psicólogos de las prisiones, aquellos que tratan a estas personas cuando están recluida cumpliendo sus penas. Todos les dirán que un asesino NO SE REINSERTA. Una vez que ha cruzado la línea buscando satisfacer el más incontrolable de sus impulsos,  lo volverá a hacer y lo hará siempre,  si no es porque el motivo del homicidio, que no asesinato, ha sido otro y en ese caso habría que revisar muchísimo.

Nuestras cárceles apenas sobreviven con un par de especialistas  que, a duras penas, pueden llevar la gran carga de trabajo y a menudo no disponen de los recursos o apoyos necesarios para tratar a estas personas de forma exhaustiva. Y aún así, se dejan el alma, y saben, porque ellos estoy segura de que lo saben, o lo intuyen como buenos profesionales que son, que aquel que sale, a menudo no está rehabilitado.

Tony Alexander King, fue condenado a 10 años de cárcel en Inglaterra por distintas agresiones sexuales cuando solo contaba con 19 años. No sabemos por qué ni cómo estaba en España campando a sus anchas y viviendo la vida cuando sesgó la vida de dos chicas. Primero la de Rocio Wanninkof y tras esta, la de la también muy joven Sonia Carabantes. Posteriores investigaciones policiales descubrieron que tenía historial delictivo en el Reino Unido donde su nombre original era Tony Alexander Bromwich.

¿Cuántos más casos tienen que suceder para que se deje de hablar tanto y se sienten a trabajar? No nos digan que se está trabajando en ello, si es así, no hagan que dudemos de su trabajo.

Muy a mi pesar, como periodista, docente y como mi modo de expresión que son, pienso de las palabras que hace mucho que perdieron su valor. Ahora señores y señoras, vivimos en un mundo de acciones, donde pocas cosas nos sorprenden, desgraciadamente, y muchas menos nos convencen. ¿Quieren que les respetemos? Respetaremos sus acciones,  no sus palabras.

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